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OPINIÓN

A Carlos Monsiváis*

 

Citar a Carlos Monsiváis en vida era difícil por la dimensión intelectual que encarnó; hacerlo en su ausencia lo es más. Sin embargo, y aunque parezca temeridad, esbozaremos brevemente sobre su reflexión y legado.
 
Como hombre extraordinario transformó con su pensamiento y obra literaria muchas mentalidades y seguirá derrumbando posiciones dogmáticas y retrógradas en la sociedad. Plantó uno de los cimientos desde donde se yergue el reclamo de una sociedad más justa.
 
Fue permanente su denuncia de la deshumanización del hombre contemporáneo, de las diferencias sociales y sus derivados: pobreza, marginación, hipocresía, ambición, ignorancia, injusticia, crueldad, hambre, destrucción y mucho más…

Carlos Monsiváis
 

Monsi, como lo llamaban coloquialmente, tenía entre sus muchos intereses y actividades abanderar las luchas de la Sociedad Civil, entendida como la fuerza vital que encabeza, convoca y concita la solidaridad. El colectivo organizado, animado al asimilar que es parte de la sociedad, y que rechaza los abusos del régimen en todo momento: sus corrupciones, falta de voluntad e incompetencia, como lo plasmó en su obra “No sin nosotros”, memoria de los temblores de 1985 en la Ciudad de México, vigente hoy en día.

Humanista, en la más clásica y amplia acepción del término, se convirtió en activista infaltable tanto del impulso para la formación como para la reflexión en torno a los movimientos sociales que se organizan por la defensa de los intereses ciudadanos, los generales, los individuales y los de las minorías.

Algunos no necesitan la formalidad de constituirse, es evidente su seriedad y ética, su preferencia a la informalidad ordenada, en contraste con la formalidad lucrativa de otras que han devenido en apéndices serviles de un paternalismo oficial.
 
Se pronunció por igual a favor de los derechos fundamentales, la equidad de género, los derechos de las minorías indígenas, la demanda de diálogo del EZLN, que contra la intolerancia, la homofobia, la violencia intrafamiliar, el monopolio masculino del poder, el desempleo, el subempleo, el deterioro salarial y de la economía familiar, la falta de oportunidades y acceso a  educación, servicios de salud y vivienda digna y el fracaso de la readaptación social en menores y adultos infractores.

Evidenció la pésima política ambiental del país con su trasfondo populista; rechazó la energía nuclear y habló a favor de mejorar el transporte público como apoyo a las mayorías, desalentando el uso del transporte particular y contribuyendo a reducir los niveles de contaminación.  Recordó que a ningún gobernante le interesan bosques, ríos, animales o el agotamiento de recursos naturales, porque estos no votan, pero sirven para prometer.

Siempre le preocupó la destrucción de la naturaleza en nombre de la modernidad, la deforestación y avance de la desertificación. Se opuso a los experimentos con granos genéticamente modificados: los  transgénicos. Se pronunció a favor de los derechos de los animales; él amaba a sus gatos. Insistía en que el cuento secular de que el hombre es dueño y señor de la naturaleza ha traído consecuencias desastrosas como el calentamiento global y mucho más.

Sostenía que la actitud humanista es la base de la civilización, porque el conocimiento y la sensibilidad llevan al respeto a los semejantes y a la naturaleza.

Esta visión panorámica de los problemas de su querido México empata con el perfil y relación de las distintas formas de organización que se ha dado la Sociedad Civil con los diferentes niveles de gobierno.

Dentro de las condiciones sociales e históricas nacionales, estas organizaciones son una vertiente alternativa para el rescate de la dignidad de sectores significativos de la sociedad, en especial los excluidos de los beneficios y dádivas, junto con los que viven en condiciones de extrema vulnerabilidad social.

Siempre con entusiasmo pero con escasez de recursos, estas organizaciones diseñan y ponen en acción programas para ayudar a los sectores marginados. Pese a sus esfuerzos y aunque existen leyes en la materia para fomentar sus actividades, cuando cumplen los requisitos exigidos para constituirse, sucede que no hay acceso a recursos ni apoyos gubernamentales.

Abundan las declaraciones oficiales reconociendo la labor de estos organismos y la necesidad de que apoyen sus acciones y programas, pero todo queda en el terreno del discurso. Esta realidad necesita replantearse de tal forma que la contribución y apoyo solidario de estas organizaciones salga del círculo perverso que a quienes menos beneficia es a los más necesitados.
 
El trabajo de estas organizaciones contribuye al proyecto de alcanzar como nación un desarrollo sustentable, entendido como que la acción del Estado, tanto en la educación, las formas de atender la problemática social, la economía y el quehacer político tienen que ir de la mano con la ecología, de acuerdo a la visión de la Agenda XXI de las Naciones Unidas.

Todo esto fue lo que movió a Monsi a ser congruente en el pensar, en el decir y en el hacer. Miles de cuartillas se han escrito en los últimos días acerca de él; y como siempre todos tenemos algo que decir desde el día de su muerte.

La gente lo sentía cercano, aunque nunca lo hubieran leído, auténtico, natural, sin poses: ahí andaba en el metro, en los cafés, con un libro bajo el brazo, desaliñado, poco sociable, sin pretensiones pero como un ser humano sensible.  Inteligente y culto, irónico e incisivo, anti solemne y con gran sentido del humor. Como pocos, conocía nuestra idiosincrasia y por lo mismo nos hacía ver al desnudo.

Monsi: ¡No te extrañamos, porque tu pensamiento sigue entre nosotros!  ¡A tu memoria!       

Muchas gracias.

*Discurso pronunciado por Pedro Silva Gámez, Presidente de  ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C. con motivo del Homenaje que la Fundación Caballero Águila Negra rindiera al escritor mexicano recientemente fallecido en la Universidad Autónoma del Estado de México.   

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