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Forma y Fondo CXXIV

Agua y Pet

Por: Pedro Silva Gámez*


Puede parecer el nombre de un par de mascotas o de personajes de caricatura. Lo primero no, aunque bien visto, no quedan mal como calificativos cariñosos. Pero pueden quedar mejor en lo segundo, si bien sería la caricatura tragicómica de un fenómeno social con tintes alarmantes.

Pet
Lo que no sirve es lo que más trabajo cuesta

En la actualidad una botella transparente con agua para beber, forma parte del equipo diario de millones de personas en cualquier parte del mundo. La publicidad y la mercadotecnia han cumplido su objetivo: agua es igual a cultura y moda, además de sinónimo de salud al satisfacer la sed. Pero van más allá, porque según la marca es el bienestar y la energía que obtiene la persona; y llegan hasta a prometer una bella silueta o cuerpos atléticos.

Son evidentes las bondades y propiedades que el agua nos brinda: vitaminas, minerales, beneficios al organismo y mucho más. Pero, ¿qué hay detrás de una botella con agua?, ¿cuántos factores intervinieron en su cadena de producción hasta el momento de comprarla y dar vuelta a la tapa?, ¿cumple con los estándares de pureza y todas las demás virtudes prometidas?

Su producción y distribución implica un alto consumo de energéticos, emisiones contaminantes a la atmósfera y contribución a la generación de gases de efecto invernadero (GEI)

Los antecedentes del agua embotellada se remontan a 1826 en el pequeño pueblo francés de Evián, a cuyos manantiales les atribuían propiedades benéficas. Con el paso de los años se extendió la costumbre hasta dar paso a una industria que en la actualidad factura alrededor de cien mil millones de dólares anuales.

México alcanzó en este 2010 el primer lugar  mundial en consumo de agua embotellada per cápita, calculado en doscientos treinta y cuatro litros al año, desplazando al consumo de refresco en el que tiene un honroso segundo lugar con ciento cincuenta litros anuales per cápita y desde luego a la cerveza y a la leche.

Al creciente consumo de agua embotellada también lo favorecen  la deficiente y escasa infraestructura en las redes públicas de distribución del líquido y la falta de higiene en tinacos e instalaciones domésticas, la poca continuidad en las campañas de salud y ni qué hablar de las educativas. Un factor clave ha sido la incertidumbre de la población acerca de la calidad del agua en la red municipal. Aunque las autoridades aseguran que el ochenta y cinco por ciento del agua suministrada es apta para el consumo humano, han desaparecido los bebederos públicos existentes hasta hace no mucho tiempo.

Datos oficiales mencionan que de trescientas diez marcas, un ochenta y cinco por ciento no cuentan con la infraestructura y los controles sanitarios para garantizar la higiene y seguridad requeridas. La calidad de nuestra agua ocupa el lugar ciento seis entre a nivel mundial.

El costo promedio de una botella con agua es de diez pesos, que pueden llegar hasta veinticinco dependiendo del lugar en que se adquiera; tres veces más que un litro de gasolina. Y si la presentación es de lujo, llega a costar hasta treinta pesos. Por familia se calcula un gasto anual promedio cercano a los dos mil pesos en la compra de agua y casi once millones de mexicanos no tienen acceso al agua potable.

El agua embotellada, según algunos científicos, está muerta por estar en un recipiente durante mucho tiempo y recientemente se le aplica cierta cantidad de radiación para eliminar contaminantes y microorganismos, aunque no necesariamente es de mejor calidad que la de la llave.

Del desecho masivo de envases plásticos se derivan otros problemas. Durante 2009 se desecharon casi ocho mil millones de botellas de Pet de agua embotellada, agudizando los problemas de generación y manejo de basura sólida, focos de infección, azolve de drenajes y complicaciones de salud. El desecho diario representa un poco más de veintidós millones, calculando una botella por litro. Ochenta por ciento van a tiraderos a cielo abierto, orillas de carretera, cuerpos de agua y a los lugares más insospechados.

Esta generación de desechos disminuiría con programas sustentables para mejorar la calidad de agua que se envía a la población y controlar las fugas en los sistemas que la distribuyen, cuyas pérdidas se calculan hasta en un cuarenta por ciento. A los gobiernos les significaría una mejor distribución de sus presupuestos construir redes con tecnología de última generación que provean de agua potable con calidad suficiente para el consumo humano, que invertir cantidades millonarias en problemas insolubles como los rellenos sanitarios en donde el Pet ocupa extensos espacios sin degradarse; desazolvar los sistemas de alcantarillado para evitar inundaciones de imprevisibles consecuencias; auxiliar a la población cuando resulta damnificada en bienes e inmuebles y proporcionarle atención médica.

La forma: los gobiernos deben pensar en la economía familiar, los beneficios para la salud y el medio ambiente.

El fondo: cambiar nuestra cultura como consumidores, evitar modas dispendiosas y fortalecer la conciencia ambiental, porque: TODOS SOMOS NATURALEZA.

*ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C.   

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