Año con año, la historia se repite, hoy agravada por la severa cornada que los diputados federales bajo las órdenes de cada gobernador le propinaron a sus electores. Atrás quedaron las tomas de posición que querían parecer muy vigorosas. De lado fueron quedando las declaraciones de principios que como estandarte blandió Enrique Peña Nieto para oponerse al alza de impuestos federales. Sus palabras fueron claras: un alza de impuestos sería contraria a la declaración de principios del PRI… y tras breve jaloneo con el panismo, los impuestos subieron. Finalmente, los diputados mexiquenses encabezaron el monumental atraco que implica sacarle más impuestos a una población cada vez más pobre. Después de todo, algo convenció a Peña Nieto de las bondades de aplicarle otra sangría al enfermo grave.
Desde el sector empresarial hubo también protestas contra el alza de impuestos, pero finalmente se disciplinaron, no sin antes expresar su preocupación por una posible (más bien imposible, digo yo) alza salarial excesiva, que desataría una carrera inflacionaria que podría afectar la economía del país.
¡Ah!… los empresarios. ¡Oh!... nuestro gobernador. ¡Uh!... nuestros diputados (ya sean federales o locales). Siempre tan preocupados por la economía del país y tan despreocupados por la economía de los paisanos.
Y en lo local, los funcionarios y la población en general son los extremos que sirven para ejemplificar el regreso al porfiriato que se vive en nuestro amado país. Mientras que algunas empresas han declarado que la mala situación económica no les permite satisfacer el compromiso de los aguinaldos, los 75 diputados locales del estado de México recibirán en este mes de diciembre 277 mil 540 pesos cada uno, algo así como cinco mil ciento treinta y nueve días pagados a razón de salario mínimo, o, si usted lo prefiere: catorce años o 171 meses de salario mínimo.
Dicha cantidad se integra con los conceptos: dieta, bono trimestral, aguinaldo, prima vacacional, entre otros apoyos. Y es que cada legislador recibe mensualmente un salario (llamado “dieta”) de 79 mil 874 pesos. Además, recibe 55 mil pesos por concepto de Atención Legislativa, los cuales destinan al pago de las oficinas en que atienden en cada distrito.
Otra percepción es la denominada Atención Ciudadana, que es por la cantidad de 12 mil pesos, con los cuales cubren pagos de teléfonos, combustibles y otros gastos más.
Cada tres meses los diputados mexiquenses reciben una bonificación de cien mil pesos. Los cien mil de esta temporada corresponden al esfuerzo realizado durante octubre, noviembre y diciembre. Los actuales diputados sólo recibirán parte proporcional del aguinaldo, pues sus labores iniciaron en el mes de septiembre, razón por la que el pago no les corresponde por la anualidad completa. Este pago puede variar de los 16 mil a los 26 mil pesos.
Y aunque el Secretario de Administración de la Cámara de Diputados, Jaime Adán Carvajal Domínguez, afirma que los diputados no tienen derecho a cobrar prima vacacional, el periódico Alfa, de la capital del estado, refiere que algunos congresistas señalaron haber recibido este concepto.
De manera paralela al surgimiento de esta información sobre los salarios de los señores diputados, se informó que los empleados de la Cámara de Diputados mexiquense sólo recibieron las prestaciones de ley, pero que este año no se les dio el festejo navideño al que estaban acostumbrados, por lo que tampoco recibirán ningún obsequio de los que antes se repartían entre ellos por sorteo. A los empleados menores sí los alcanzó la austeridad.
Sin embargo, no nos preocupemos demasiado. Si el incremento del salario mínimo para el próximo año no llega al cinco por ciento, es para que la inflación no nos golpee.
Si los diputados federales autorizan subir impuestos en medio de esta crisis, es, seguramente para que nos duela menos la crisis.
Y si los diputados del estado de México ganan sueldos de potentados, es porque sus sueldos, a diferencia de los de los obreros y demás paisanaje, no son inflacionarios. No vaya a pensar nadie que los gobernadores ordenaron a sus diputados federales arrimarle el burro a los funcionarios y diputados locales para que se suban con toda comodidad a la bonanza de los salarios para campeones.
Y, para colmar nuestra dicha, nuestro ex Secretario de Hacienda y hoy Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens le da lecciones sobre catarritos y manejo de las finanzas nacionales a Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.
Si el país marcha, ¿qué importamos los paisanos?
Felicidades por los gobiernos, los diputados y los economistas que los mexicanos tenemos.
¡Felicidades, también por las fiestas navideñas! |