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TOROS
Texcoco: entre el arte y el villamelonaje
Por: El Niño del Coso.                 Fotos: Ángel Sainos y Alberto Raúl Macías.


El fin de semana en las tierras del Rey Poeta dio, taurinamente hablando, casi para todo: desde el arte más depurado hasta la ignorancia blandengue para la cual habría que encontrar un término unificador. Dejémosle la ingrata tarea a los académicos de la lengua.

Karla Paola
Karla Paola, Reina de la Feria, en el marco del cielo texcocano.

El sábado 27 y el domingo 28 de marzo se dieron dos festejos a los que sería injusto llamar “corridas de toros”. Ambas tardes fueron distintas: en la primera hubo más esencia taurina, en tanto que en la dominguera reinaron la chufla y el villamelonaje.

Los carteles ofrecidos desde la presentación sufrieron la única modificación de que no viéramos actuar al valiente diestro queretano Octavio García “El Payo”, a quien deseamos su completa recuperación. Lo sustituyó el día domingo el propio Zotoluco, con lo que la empresa Espectáculos Santa Julia ofreció en las dos fechas dos cartelazos en los que intervinieron Eulalio López El Zotoluco y Julián López El Juli. Completaron el cartel el capitalino Ignacio Garibay y el tlaxcalteca Rafael Ortega.

Alguacilillo
El alguacilillo, José Julián Ayala.

Pero como dijera Iriarte en sus inmortales fábulas no hay gloria cumplida en este mundo: los carteles se desparramaban de torería, pero terminaron faltando los toros. Cosa de lamentarse, porque la empresa hizo un enorme esfuerzo para cubrir una papeleta de gran peso, los toreros aportan,  con su nombre y sus historias muy bien escritas, un enorme atractivo. Pero lamentablemente, la materia prima de la tauromaquia estuvo a faltar o hizo presencia más bien terciada.

La corrida de doña Vicky de la Mora  embistió con calidad y nos permitió disfrutar una buena tarde, particularmente con el bravísimo berrendo en cárdeno Voy y vuelvo.

Zotoluco
El de Azcapotzalco señalando el camino.

Pero al día siguiente, la ganadería de Montecristo quedó a deber, pues sus astados fueron menos que justos de presencia y venían con las cuernas limadas, factor que terminó por deslucir los esfuerzos de los toreros.

Zotoluco

El diestro capitalino tuvo un fin de semana de signos encontrados, desde el mismo sábado de sus triunfos (dos orejas en el primero e indulto en el segundo) fue abucheado de manera incomprensible. Registro raro, sin lugar a dudas, el que hace constar que un torero triunfe con aplastante petición para indultar al astado, y que en el lance, muy conflictuado, para devolverlo a las corraletas (lo que no es responsabilidad del diestro) fuera abucheado. Es lugar común decir que el toro indultado estuvo necesariamente por arriba del torero. El público premia, niega los apéndices o castiga, a veces injustamente.

Zotoluco
Zotoluco en hombros

La tarde del domingo fue extraña: además de que los toros fueron chicos, no dieron muy buen juego y el Zotoluco cortó una oreja que le fue protestada más que nada por la pobre presencia del burel.

El Juli

El torero madrileño tiene mucho sitio y enj cada momento puede hacer gala de un oficio que le sobra.

El sábado bordó el toreo recorriendo la mano con lentitud, templando asombrosamente cada pase de muleta al primero de su lote y prácticamente sin enmendar terreno.

El Juli
El Juli quiebra la cintura

Al segundo de su lote, que fue de menor calidad, Julián le sacó buenos pases por los dos lados, pero no logró los niveles de intensidad alcanzados en la oportunidad previa.

En ambos astados falló con la espada, pero el público lo llamó al tercio con su primero.

En la tarde del domingo, el madrileño volvió a mostrar el enorme oficio que ha atesorado en sus trece años de hacer taurómaco (y que pareciera que nació sabiendo). En su primer toro entusiasmó a los asistentes desde los lances de capote y le hizo una faena tersa, de gran suavidad y temple a un astado que materialmente se comía la muleta. Toreó bien por los dos lados y le hizo gracias como la dosantina y el regreso en redondo. La estocada fue impecable, y el juez le otorgó dos orejas.

El matador Roberto Domínguez
El matador Roberto Domínguez, apoderado de El Juli.

El segundo de su lote fue un berrendo de bella pinta, pero nada más.

Tarde con trofeos, pero al excelente toreo de Julián hay que restarle la edad que les faltó a los animales esta tarde.

Despuntado
Despuntado.

Garibay

Nacho Garibay recibió el trofeo Netzahualcóyotl, por ser el triunfador del serial taurino de la edición 2009 de la Feria del Caballo.

En su actuación sabatina, Garibay hizo el esfuerzo, pero la suerte no hizo alianza con él. Su primer enemigo fue un toro rajado que recibió pitos al momento del arrastre. Y en su segundo intento, intentó todo, jugándose el físico en serio. Le ligó una buena tanda de rodillas y después dio la impresión de haber desaprovechado el animal, que tuvo buen recorrido. Pinchó y no recibió trofeo alguno.

Garibay
El derechazo de Garibay

Rafa Ortega

El diestro tlaxcalteca sale a ganarse el aplauso todas las tardes. Recibió este domingo a su primero con dos largas, toreó con pulcritud a la verónica y, apresurado por el aire, quitó por chicuelinas un tanto atropelladas. Al intentar complacer al público con los garapullos, el astado le apretó en serio y la oportuna caída de Rafael lo libró de un percance que hubiera sido seguro en caso de que el toro fuera bravo. El lance osciló entre lo dramático  y lo cómico.  Hay que criticar a su cuadrilla que no estuvo a la altura de ese riesgo, pues nadie le cortó el viaje  al de Montecristo.

De manera increíble, el mal momento que pasó el diestro calentó al público, que le empezó a corear: “torero, torero”. No cabe duda, en algunas tardes de feria, y hasta no siendo feria, la voz cantante la llevan los villa melones. Al final del festejo, algunos asistentes hicieron el comentario: el apoderado y el subalterno de El Juli reían a mandíbula batiente la ignorancia taurina de que hizo alarde el coro monumental.

Rafael Ortega
Rafael Ortega, en su vuelta al ruedo.

El de Tlaxcala cerró brillantemente el segundo tercio y desarrolló una faena derechista y en la que hizo un par de desplantes para terminar de apantallar a los despistados asistentes (que no aficionados). Mató muy bien. El juez le otorgó una oreja y, a petición del público, le aventó la segunda.

El segundo toro que correspondió al tlaxcalteca fue francamente malo y sin que le hicieran mucha sangre (como a todos los demás) se agarró al piso. Mal desempeño con la espada y se acabó la historia.

Fue un fin de semana de alto relieve en el renglón de los toreros y profundas pozas por lo que hace al toro.

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