Fue una tarde sin espadas. Las tres novilleras hicieron el esfuerzo, una con más y otras con menos resultados, pero todas acusaron lo que es defecto mayor en su oficio: no le encuentran la muerte al toro. De plano, traen perdido el rincón de Ordóñez.
Tarde de oficiantes del sexo femenino y en la que se registró la segunda mejor entrada de la temporada. Clima malo, a ratos mojado, pero con poderosa presencia torera.
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Elizabeth no encontró el rincón. |
Y es que por más que se esmeren los diestros en los tres tercios, cuando es el caso, o con la muleta, poco o nada alcanzarán si no cortan con la espada los trofeos.
En la décima novillada, en la Plaza México el respetable se emocionó con el toreo de Vanessa Montoya. Sevillana de origen y con la pinturería que caracteriza a una de las dos grandes escuelas españolas del toreo, esta novillera vino de menos a más y en su segundo toro, último de la tarde, su faena se fue haciendo intensa y terminó por regalar a los escasos asistentes una faena en la que brilló a dos manos. Lo mismo por derechazos que toreando al natural, Vanessa demostró que sabe templar y que termina los pases con elegancia y eficacia, lo cual emocionó al público que gritaba los olés.
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Lupita: decisión, toda; puntería, ninguna. |
Hubo discreta petición de indulto que el juez denegó.
Por el lado de las novilleras mexicanas cabe mencionar que Lupita López siempre hace el gasto, siempre trata de agradar a quienes pagaron su boleto. La yucateca estuvo valiente y cuidando la técnica. En su primero, la faena resultó deshilvanada y por muy poco no le devolvieron vivo al novillo. El cornúpeta le pegó un achuchón, del que cayó en fea manera, de cabeza. Pero la peninsular ni se miró la ropa y volvió a lo suyo.
En su segunda oportunidad toreó bellamente de capa e hizo gaoneras de mucho compromiso. Lupita le dio bellos ayudados y concluyó su obra, con manoletinas que erizaron el cabello a los concurrentes. Lamentablemente, pinchó en repetidas ocasiones. Tiene mucho que trabajar con la espada. Dio la vuelta al ruedo.
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Vanesa: Imposible matar así. |
Elizabeth Moreno, que tan buen sabor dejara en su aparición en el embudo de Insurgentes, hoy anduvo sin suerte y un tanto errática. Vale la pena mencionar que el novillo de La Muralla se colaba peligrosamente. Con su segundo enemigo lució menos acelerada, lo toreó por ambos lados con sabor y temple, pero lo pasó de faena y el juez le mandó el aviso cuando aún no se perfilaba para la ejecución de la suerte suprema. Se retiró en medio del silencio.
Tarde sin espadas, tarde de música infame, la de los avisos.
Nuestro buen amigo Víctor Esparza nos obsequia, una vez más, con sus oportunas gráficas.
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