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OPINIÓN

El Comandante Calderón al ataque

Por: Jorge H. Bourges Rodríguez

La guerra es la continuación de
la  política por otros medios.
Karl von Clausewitz

De lo afirmado por el gran teórico militar prusiano inferimos que tal acción bélica tendrá como meta el logro de los objetivos que, siendo vitales para el país que combate, no pudieron ser alcanzados mediante la acción política. Los pobladores del país que habrá de sostener el esfuerzo bélico –o incluso participar en él- deberán percibir la importancia de dichos objetivos. Si el escenario de las operaciones militares es su propio territorio, la convicción en tal sentido tendrá que ser total.

Contrastando con la racionalidad del autor de la frase de arriba, abundan los ejemplos de pésimos comandantes que acarrearon grandes desgracias a sus países. Tal es el caso de Adolfo Hitler: En vista de que, después de casi un año de intentarlo, no lograba derrotar a la Gran Bretaña, decidió entrar en guerra con la Unión Soviética en junio de 1941.
Esperaba derrotar a los rusos con un ataque relámpago como los que habían tenido éxito contra Francia, Holanda y Bélgica – países que tenían  menor extensión y mejores carreteras. Al no lograrlo, optó por aprovechar el ataque japonés a Pearl Harbor para también declarar la guerra a los Estados Unidos. Ahí se detuvo, ya que no había más potencias contra las cuales pelear. Este tipo de comportamientos –semejante al de los apostadores compulsivos- se explica por la sobrevaloración de la fuerza del prestigio personal, por arriba del análisis de las circunstancias: Se buscan nuevas contiendas para curar el fracaso que se tuvo en las anteriores.

Felipe Calderón –como Bush hace ocho años en Irak- buscó en una acción bélica la legitimidad que no obtuvo en las urnas. Lanzó a nuestro país a una guerra contra el narcotráfico sin objetivos aceptables ni claros. No existía correspondencia con los de una política previa en tal sentido porque nunca hubo tal política. Una política contra las adicciones que habría recibido el respaldo social debería haber girado alrededor de la prevención de dichas adiciones, de su rehabilitación y de no dejar a los jóvenes actuales en la desoladora soledad en que viven. Si no se comenzó con la política, la guerra carece de sentido.

Más adelante –porque requiere hacerlo en cooperación con el resto del mundo- se podría haber trabajado en la dirección de la legalización del consumo, pues los adictos son enfermos. Dejar de premiar a los violentos y reingresar cuantiosos recursos monetarios en la producción económica.

Si el objetivo tácito de la guerra era “echar bala” la podríamos considerar como exitosa. Si fue disminuir el consumo de drogas  y la violencia que trae aparejada, fue un rotundo fracaso.

Lo anterior quizás explica la actual arremetida contra el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Desde luego que existe un grave problema en el funcionamiento de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y que para resolverlo están presentes grandes dificultades, entre otras las que podría plantear su sindicato. Pero el SME no es el único que las ha generado ni representa el único obstáculo para resolver la problemática. La empresa y, por lo tanto el gobierno, son corresponsables del problema y de su solución.

Pero nada de eso fue planteado porque no hubo un examen político de la situación y por lo tanto se excluyó otra vez a la política y se fue a la confrontación armada sin objetivos confesables.

El haber cargado toda la culpa en los trabajadores y empleado la fuerza armada para contener su descontento es un acto cuya demagogia es percibida por gran parte de la población. No parece que el gobierno haya realizado buenos cálculos al respecto y se dirige a otro fracaso. ¿Con qué batalla futura  pensará sacarse esta espina?
No resisto la tentación de consignar otras dos frases respecto al uso de las armas por períodos largos. La primera es de Sun Tzu el gran estratega chino y la segunda de Tayllerand ministro del exterior de Napoleón.

“Las armas son instrumentos de mala suerte: emplearlas por mucho tiempo traerá calamidades”.

“Las bayonetas sirven para muchas cosas, pero no para sentarse sobre ellas”
Reflexionemos. Todavía hay  tiempo.

redaccion@mirada-regional.com
 
 
 
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