Toluca, Méx., a 16 de Diciembre de 2009.- Los patrones de las relaciones entre hombres y mujeres que generan las sociedades y las culturas están marcados por la desigualdad entre géneros y actúan en detrimento de las posibilidades de las mujeres.
La estructura ocupacional es uno de los espacios en donde se reproducen patrones tradicionales que incrementan la vulnerabilidad de las mujeres, ya que se encuentra regida por parámetros tradicionales de distribución de actividades entre géneros, lo que restringe profundamente las oportunidades de las mujeres para insertarse en la actividad económica.
Karina Batthyány, investigadora de la Universidad de la República de Uruguay y colaboradora de la revista “Papeles de Población”, editada por la Universidad Autónoma del Estado de México, afirmó que “Otra forma de pobreza que afecta a las mujeres en todo el mundo es su falta de autonomía económica, esto es, el hecho de que cuenten con ingresos propios que les permita satisfacer sus necesidades”.
Y aseguró que la desigualdad de oportunidades que las mujeres enfrentan para acceder a un trabajo remunerado, afecta sus posibilidades para alcanzar la autonomía económica.
La investigadora consideró que desde esta perspectiva es posible visualizar la situación de pobreza de algunos grupos que regularmente permanece oculta. Dijo que estas personas, aún cuando viven en hogares considerados no pobres, de manera individual no tienen acceso a ingresos propios.
Lamentablemente, dijo, es la situación en que se encuentra una alta porción de mujeres cónyuges que viven tanto en hogares pobres como no pobres, cuyas altas tasas de actividad doméstica las colocan en una posición de dependencia con relación al responsable masculino del hogar.
Aunado a las limitaciones que atan a las mujeres para contar con un empleo, dijo, se encuentran las restricciones que les impiden tener acceso a la educación, a la salud, a las redes sociales y a la participación en el proceso de toma de decisiones en el ámbito político, económico y social.
Lo anterior lesiona su autonomía física, política y social, por ejemplo el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, su capacidad organizativa y su libertad de expresar sus opiniones.
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