Y el toro regresó a la Plaza México. El ganadero de San Marcos envió un encierro que se salió de la muy lamentable tendencia hacia el toro manso que se ha impuesto en nuestro país. No diremos que se trató de toros bravos, lo que se dice muy bravos; pero sí es de apreciarse que fueron animales difíciles, de los que se dice que tienen “mucho genio”. Este domingo nos corneó la gripe y por ello vimos la corrida desde casita. Así pudimos “presenciar” una corrida con cierto sabor antiguo: más para lidiadores que para el llamado toreo de arte y escuchar el relato de Heriberto Murrieta. Aunque hubo pocos trofeos, no faltó la emoción.
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¿Bailamos? |
San Marcos nació con la sangre ya histórica, fundadora, de San Mateo. Y así con el nombre de los evangelistas durante mucho tiempo viajó la buena nueva de la bravura. Hoy, o mejor dicho este domingo, el reencuentro de estos santos, volvió a manifestarse en el albero de la Plaza México. Y el público se emocionó. A ello ayudaron las actuaciones de los diestros banderilleros El Zapata (terno negro con bordados en plata)y El Fandi (azul rey y oro). También puso su cuota de adrenalina el valiente Fabián Barba (blanco y oro).
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Último movimiento del monumental par. |
La corrida de San Marcos fue en verdad difícil y no colaboró gran cosa al lucimiento de los matadores. Por eso, tiene más valor lo que hicieron frente a animales que en todos los casos desarrollaron sentido y tiraron gañafonazos.
Uriel Moreno El Zapata
El matador tlaxcalteca proyecta en cada toro su emoción. Torea para él mismo y su fe contagia al público. Se gusta y agrada a los aficionados. Su regularidad terminará poniéndolo en alto sitio.
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Vuelta al ruedo a media faena. |
Primer espada, inició la tarde con Actor, un negro bragado y coletero que fue tarjeta de presentación de la difícil corrida. En el capote embistió con las manitas por delante y pasó por la pica con escaso castigo. Uriel banderilló con lucimiento: de adentro hacia las afueras, galleando y clavando al relance y al sesgo, habiendo partido del estribo. Y los tres pares con el toro ya quedado en tablas. En muleta, el toro fue probón, mirón y huidizo. Pero para Uriel no hay ficha aborrecida y, a pesar del aire, le sacó los pases, no muchos, que fueron posibles por el lado izquierdo. Tuvo que aguantar un severo golpe con rayón desde la espinilla hasta la rodilla y finalizó toreando de pitón a pitón y estocada, cojeando visiblemente, por lo que debió ir a la enfermería.
En su segundo de la tarde, ayudado por los analgésicos pero disminuido
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Tras el capote, Fabián Barba |
físicamente, el diestro tlaxcalteca hizo cosas de gran mérito: en los garapullos, puso un par inédito (con arriesgado giro sobre su eje frente a la cara del toro y clavando al modo Calafia) que dejó viendo visiones al astado e hizo delirar a la concurrencia. Vuelta al ruedo por el solo par. Estampa antigua. Su trasteo muleteril fue variado y bien hecho: péndulo, vitolina, uno tras otro, con ligazón. El toro se revolvía en corto, pues falto de castigo quedó con muchas patas, por lo que sus embestidas eran prontas y acelerando, además de ser bruscas. Fue casi una faena en cámara rápida, que exigió mucho al torero. Buena estocada y oreja por petición mayoritaria.
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Pase usted |
David Fandila
El torero granadino estuvo empeñoso como acostumbra. En su primer toro, que clavó los cuernos en el piso y dio vuelta de campana, lució con las banderillas. Acaso por la brusca voltereta, el toro se fue quedando en las embestidas. En su segundo enemigo, El Fandi enfrentó a un toro revoltoso —les decía el maestro Pepe Alameda— o pegajoso —como le llamó Heriberto Murrieta—. El viento y la gran movilidad del toro (dio la impresión de que quedó mal picado) impidieron una faena reposada. La estocada fue defectuosa, pues provocó de inmediato la hemorragia.
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El Fandi cita con elegancia |
Fabián Barba
El aguascalentense puso todo su empeño, pero le tocaron toros con mucho sentido y muy difíciles. En su segundo enemigo hizo el mayor esfuerzo y arriesgó en verdad, pues el toro le buscó en todo momento los tobillos. En el aire había olor a cloroformo. Fabián le porfió hasta que el de San Marcos lo empitonó y se lo echó al lomo, por fortuna sin consecuencias. Fue un toro apto sólo para toreros lidiadores, cosa cada vez más infrecuente. Pasó dificultades con la espada, pero el sector no villamelón del público reconoció su labor. |