Texcoco, Méx., a 14 de enero de 2010.- Entre los cuentos clásicos, muchos de ellos de intención moralizante (y también de guía práctica), cabe traer a colación el del Lobo y el pastor, aquel sencillo relato escuchado por muchas generaciones de niños a los que se pretendía mostrar que el mentir es una fea conducta que, además, trae resultados lamentables.
Aquel zagal gustaba de inquietar a los demás habitantes de su aldea pidiéndoles auxilio ante la supuesta presencia del lobo. Como el muchacho abusara del llamado en falso, la comunidad lo tuvo por mentiroso y ya no le hizo caso, lo cual terminó por dejarlo indefenso ante el lobo.
Y así le sucede a Enrique Peña Nieto, quien está de campaña para ser presidente de la república desde hace bastante tiempo. Su presencia en los medios de comunicación, multiplicada por los intereses de los propios medios y los de la iglesia católica, lo ha convertido en una de las figuras públicas más vistas y comentadas en nuestro país. Su presencia en el Vaticano, donde presentó al Papa Benedicto XVI a su novia, la actriz Angélica Rivera, acompañado del presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, el ex obispo de Texcoco y hoy Arzobispo de la provincia eclesial de Tlalnepantla Carlos Aguiar Retes y una decena más de obispos que gobiernan las diócesis con sede en el estado de México, fue acontecimiento muy sonado, cuyos ecos no se apagan un mes después.
Sus diarias apariciones en los noticieros televisivos y en los medios impresos, lo hacen un político, para efectos prácticos, omnipresente.
El caso es que todo mundo lo ve ya como candidato. Por ello no extraña que el día 12 de enero en una ceremonia de inauguración en el municipio de Villa Victoria, el alcalde hiciera un pronunciamiento público en favor de su gobernador como candidato a la presidencia de la república: “…usted es la persona que necesita nuestro país para preparar el rumbo y poder ofrecer con ello un México con mayores oportunidades y mayor desarrollo para todos”.
El pronunciamiento obligó a Peña Nieto a decir que “no es el momento para declaraciones de respaldo ante escenarios futuros, creo que lo he dejado muy en claro: todo a su debido tiempo. Se aprecian, se reconocen, pero realmente hay que desalentarlos”. El problema es que nadie se lo cree.
Histriónico, el gobernador continuó aparentando el que cree su mejor papel: el de muchacho bien portado, punto menos que el de una víctima de la saña con que todos le aman. El buen modo en que lo reciben sus alcaldes subordinados, los buenos ojos con que le miran muchas damas que abiertamente expresan su intención de voto explicándola por su apostura, y el hecho de no ser mal visto por los varones, me hicieron recordar una estrofa del son jalisciense El Cuatro:
Este es el cuatro mentado,
el rey de todos los sones:
querido de las mujeres
y apreciado de los hombres.
Más allá de lo que dice esta joya de nuestro folklore, es necesario sopesar hasta dónde le será posible a Peña Nieto contener los hervores de este guiso que se va cociendo a toda flama, contrario al consejo de las abuelitas.
Pero los aprietos del gobernador que muestra este episodio más se parecen a la historia El aprendiz de Brujo, tema tratado por el griego Luciano de Samósata en el siglo segundo después de Cristo y retomado por Goethe y, ya en el siglo XX, por Walt Disney en la bellísima película Fantasía. La historia trata sobre aquellos que desatan fuerzas que después ya no pueden contener.
El problema es que el gobernador está sobreexpuesto en términos mediáticos, y eso ya es y será motivo de golpeteo. Y la pregunta se aparece de nuevo: ¿cómo contener la estampida que tantos vaqueros procuran?
Panistas, perredistas (no todos) y algunos de su propio partido estarán encantados de verle tropezar.
Nadie se perderá los próximos capítulos de esta ya desbocada carrera. Las porras deberán sonar a su debido tiempo. Y el final será, con toda claridad, de pronóstico reservado.
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