Ganadería de San Isidro (5 toros) y uno de Los Ébanos. La mayoría tirando a chicos y pobres de cabeza, con la excepción del segundo de El Payo.
En tarde que quiso estar cargada de significados (no otra cosa es el encuentro de descendientes de dos legendarias estirpes toreras: Miguel Espinosa Armillita y Cayetano Rivera Ordóñez), la escuela taurina española campeó por sus fueros, pues El Payo y Cayetano mostraron el empaque que da haberse formado ante toros indiscutibles, en tanto que Armillita regresó a los ruedos en la modalidad de gran torero de ocasión, la que hoy no se hizo presente.
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Los diestros, en espera de las notas del Cielo Andaluz.
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Octavio García "El Payo"
El joven queretano, de celeste con remates en azabache, se le fue por delante a sus dos alternantes con base en faenas muy meritorias, realizadas sin dudarle a dos bureles de muy distinta condición y hasta atropellando a su segundo enemigo, que mostró incomodidad, propinándole un par de volteretas que no pasaron del susto.
En su primero, El Payo realizó una faena de gran compromiso ante un toro que iba a la muleta haciendo cosas de manso. Y ante tal bicho, Octavio desplegó un gran ánimo y una muleta poderosa, rectificando apenas entre pase y pase y pisando terrenos con franco olor a cloroformo. Su valentía entusiasmó a los asistentes. Mató de buena estocada y le fueron concedidas dos orejas, que no resultaron excesivas, pues el rubio hizo gala de oficio y voluntad.
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Cosechando los aplausos. |
Su segundo toro, soso y declinando paso a paso, terminó francamente parado. Sin embargo, El Payo venía decidido a triunfar y se metió entre los cuernos. Le arrancó pases que no tenía. Le porfió hasta rayar en lo suicida. Y a fuerza de insistir, logró una faena que le valió su tercera oreja de la tarde. Ojo. En Octavio García late un corazón valiente y muy torero. Sus empeños pueden renovar la tauromaquia mexicana.
Cayetano Rivera Ordóñez
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| Abrochando con vistosa revolera, Cayetano. |
Ser hijo de Paquirri y nieto de Antonio Ordóñez es circunstancia nada ligera. Aunque haya, en todos los renglones de la vida, quienes trapean con el nombre de sus mayores, es necesario destacar el caso de quienes no quieren desmerecer frente a la grandeza de sus padres y abuelos, como es el caso de Cayetano.
Cayetano, que vistió elegante terno blanco bordado en oro, confirmó su alternativa en la Plaza México, mostrando maneras de torero fino, valor bien entendido y elegante sobriedad que no se acerca a la sequedad que caracteriza a la escuela rondeña del toreo. Valiente como su padre, comprometido como su abuelo, pero con un estilo propio. A su primer toro le dio bellos y variados lances de capa, entre ellos la creación del Orfebre Tapatío, Pepe Ortiz: La Tapatía.Su trasteo con la muleta tuvo elasticidad y buen gusto. Una estocada traserilla, pero efectiva, le valió el aplauso del respetable. Su segundo enemigo tuvo menos gas que el que abrió plaza. No obstante, Cayetano hizo el gasto y ganó de nuevo el reconocimiento de un público ante el que cayó de pie, aun sin haber cortado apéndice.
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Miguel lo intentó. |
Miguel Espinosa "Armillita"
El hijo del Maestro de Saltillo, enfundado en traje color sangre de toro con pasamanería en negro, encarnó el bello gesto de regresar a los ruedos tras poco más de cuatro años de retiro para confirmar la alternativa de Cayetano.
En sus dos enemigos tuvo apenas algunos detalles. No cabe duda de que Miguel es un torero fino. Sus faenas izquierdistas merecieron en su tiempo los más encendidos elogios. Pero hoy, aunado el sobrepeso al tiempo, Miguel lució inseguro, a momentos sobre piernas y resoplante desde antes del paseillo. Definitivamente, no fue su tarde, aunque en su descargo cabe reconocer que sus dos toros fueron los peores de un encierro parchado que tiró francamente a malo.
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Lejana la foto, lejano Miguel. |
No es mala leche contra Armillita, pero recordando que Manolo Martínez también regresó a los ruedos de manera no muy afortunada, más vale conservar los lauros que irse de nuevo con una cosecha de abrojos.
Enviamos, con un abrazo, nuestro agradecimiento a nuestro fotógrafo de lujo: Víctor Esparza Orduña.
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