Emmanuel De Herrera Arizcorreta (1948-2010) nació en la Ciudad de México pero era ciudadano del mundo. Alcanzó cierto renombre en la región de Teotihuacán y Otumba cuando al lado de otros ciudadanos se opuso a la construcción de una sucursal de Wall Mart dentro del perímetro de vestigios arqueológicos en Teotihuacán. Acusado de “portación de artefacto explosivo de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea”, en procesos legales plagados de irregularidades y con diversas violaciones a sus derechos –señaladas en su momento por personalidades y por organismos defensores de Derechos Humanos–, finalmente fallece a consecuencia de las complicaciones derivadas de la diabetes y la hipertensión que padecía. La siguiente es una semblanza leída en un sencillo homenaje realizado durante la clausura del Curso Anual de Capacitación para la formación de Guías Turísticos Regionales el 28 de agosto de este 2010 en la Capilla de la Enseñanza por la Asociación Mexicana de Turismo para el Desarrollo de Texcoco, A.C.
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El Maestro Emmanuel De Herrera Arizcorreta vio en el respeto a nuestras raíces un sinónimo de dignidad. Foto de Emmanuel de Herrera: todoteotihuacan.com |
La sabiduría popular, que regularmente acierta, dice en una de sus frases lapidarias: si quieres conocer tus virtudes, muérete. Con el Maestro Emmanuel De Herrera Arizcorreta se equivocó. Algunos datos aislados de su biografía ayudan a demostrarlo: de joven conoció el mundo y sus andanzas lo llevaron a Europa, donde estudió Economía Internacional en París. Su vida en el viejo continente le permitió desde entonces comprender, comunicarse, educar y amar en cuatro idiomas: el elegante inglés de Shakespeare, el musical italiano de Dante, el sensual francés de Balzac y desde luego, en el delicioso español de Cervantes y nuestro.
Lo sabemos, el hombre es más hijo de su tiempo que de sus padres. Siendo un hombre de pasiones y de intereses diversos, a Emmanuel De Herrera, su generación lo hizo coincidir con las revueltas juveniles europeas de 1968, de donde quizá adopta el espíritu rebelde que lo caracterizó toda su vida. Quienes tuvimos la suerte de compartir por lo menos esporádicos momentos con él, podemos dar testimonio de su crítica y beligerancia contra el poder. Su vida era un modelo de ética que hoy ya no vemos: jamás solicitó un favor de quienes a pesar de estar a cargo de responsabilidades públicas, ignoran casi todo del género humano, del mundo real y de la Historia. “Quizá por ello –decía el Mtro. De Herrera– toman decisiones sin sentido histórico y hasta en contra del sentido común”.
Pero lejos estaba de ser un rebelde sin causa; su rebeldía estaba fundada precisamente en el conocimiento histórico y particularmente el mexicano. Inclusive, profundizó en nuestro pasado prehispánico, especialmente en la cultura teotihuacana. Hablar con él era escuchar su versión sobre pasajes históricos, acerca de los entretelones diplomáticos en que participó o bien, de sus tribulaciones con diferentes personajes; de todo ello y más conservaba abundantes referencias en su privilegiada memoria. Ya de manera específica hay que citar su espíritu filantrópico como divulgador de la historia colonial y del patrimonio arqueológico del Valle de Teotihuacán que hacía semanalmente en su programa “El viajero”, en el efímero canal 10 de la televisión de Otumba. Así como, las visitas guiadas para quienes aspiraban a ser guías certificados como él mismo lo era o a grupos turísticos.
Pero hay facetas de la vida de Emmanuel De Herrera que le hubiera gustado se destacaran de él y de las cuáles contaba lo mismo sabrosas anécdotas que amargos recuerdos: primera, su amplia carrera desempeñando funciones diplomáticas y empresariales en Francia, España, Portugal, Bélgica, Estados Unidos, Colombia y Venezuela (donde ante todo, promovía el conocimiento de la cultura, los valores y las tradiciones de nuestro país); segunda, su activa y comprometida participación en movimientos culturales que procuraban la preservación de nuestras raíces, que para él se convirtió en una obsesión; y tercera, su gusto por la vida sencilla pero aderezada de eso que llamamos Cultura.
De la última etapa de su vida hay que señalar la atención y el cariño que dedicó a su pequeño hijo –Emmanuel también, a su esposa, la Maestra Francisca Beltrán Texocotitla– y el haberse sumado a quienes se opusieron a la instalación de un centro comercial de una cadena trasnacional en Teotihuacán. A consecuencia de ello, se enfrentó a ese poder sin rostro y sin nombre que avasalla a quienes no están dispuestos a ceder en sus principios –poder que a su vez había sido duramente cuestionado por él–; ese poder encontró la manera de cobrarle su intransigencia y con ardides pseudo legales, le aplicó sanciones que un organismo como el suyo, debilitado ya por las enfermedades, no podía resistir. Inclusive, la intercesión de personalidades como Miguel Ángel Granados Chapa, Marcelino Perelló y de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República encabezada por Rosario Ibarra, resultó inútil. Su ejemplo queda para familiares, alumnos y amigos. Descanse en paz el Mtro. Emmanuel De Herrera Arizcorreta.
(Manuel Valverde Reyes /Verano del 2010).
*Crítico de arte
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