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TOROS

La fiesta brava, caída, como nuestro país

Por: El Niño del Coso
 
Fotos: Alberto Raúl Macías


El pasado lunes 19 de julio,  leí la exigente invitación del gran cronista taurino don  Horacio Reiba Alcalino, a participar en la conferencia que sustentarían el propio convocante y los también críticos taurinos Jaime Avilés Lumbrera Chico y Leonardo Páez. Y digo exigente porque el tema sobre el que los tres distinguidos articulistas disertaron requiere una gran dosis de compromiso: para con la fiesta brava (la actual y su historia, en nuestro país y en todo el mundo taurino), para con los aficionados y para consigo mismos.

Los muy diestros Leonardo Páez, Horacio Reiba "Alcalino" y Jaime Avilés "Lumbrera Chico".

La sonora invitación surgida con motivo de la celebración de los primeros 20 años del trabajo periodístico de La Jornada de Oriente, rebotó y se hizo eco en ese sólido muro del periodismo nacional que es La Jornada, específicamente en el artículo semanal del maestro Leonardo Páez.

"Alcalino", torero de la tierra y gentil anfitrión.

Reflexionar acerca del estado de la fiesta brava en nuestro país equivale a aproximarse a un enfermo grave con el que tenemos nexos de amor y dolor. No sé si como un enfermo en etapa terminal, pero indudablemente aquejado de aterradoras dolencias. La mayor de ellas, el alejamiento, que ha resultado ser equidistante, del toro bravo y de la afición, que otrora hacían auténticos días de fiesta llenando las plazas hasta el reloj. La razón, simple de entender, es que el público, el empresario, los toreros y todos los que participaban en esas épocas de gloria, sabían que la bravura del toro presidiría cada uno de esos festejos. Hoy, los cada vez más escasos aficionados saben que la visita a la plaza de toros se convertirá en decepcionante pérdida de tiempo y de ilusiones.

El bello patio colonial de la librería "Profética", en Puebla.

La noche del jueves 22 de julio, la muy torera terna jornalera nos hizo sangre y clavó los garapullos a todos los asistentes con las siguientes preguntas: ¿Dónde quedó el toro bravo?, ¿dónde los tendidos que se  vestían de novia arrobada ante la valentía y el poder de quien había dominado al toro, ya cuatreño o de cinco hierbas?, ¿dónde quedó el prestigio empresarial y la vergüenza torera que debe caberle a ganaderos y lidiadores?, ¿dónde quedó la bien ganada fama que Gaona, Armillita, Silverio y otros gigantes conquistaron para nuestro país en ruedos de la madre patria?
Todo ese gran fresco pintado con los mejores colores de nuestra fiesta brava se ha venido escurriendo, desfigurando, desdibujando. ¿Por qué?

El joven ganadero Luis Rubén Hernández y nuestro colega don Jaime Oaxaca.

Leonardo Páez apunta hacia la posible causa de nuestra desventura: la ley, la inteligencia, la bravura, han sido sustituidas por el dinero. Y por el peor dinero: el dinero fácil, el que se gana pronto, el que se paga antes de resultados, como a la selección mexicana de fútbol. Con sincera dureza, el autor de ¿La fiesta en paz?, diagnostica y sugiere el tratamiento: "el problema es la sociedad civil que necesita revalorarse a sí misma".

A su turno, Lumbrera Chico, quien hizo emotiva añoranza de su señor padre don Jaime Avilés Lumbrera, pergeñó un interesante apunte: “El toreo es auténtico sólo si une a la ética con la estética; si no hay toro, lo hecho por el torero carece de significación. Si el torero adquiere la dimensión social se vuelve héroe". Tras de tan rotunda introducción el también articulista político describió el muy sombrío cuadro que vive nuestro país y nuestra juventud: "la corrupción ha trastocado los valores: las plazas vacías permiten el lavado de dinero, merced a la retorcida política fiscal. Hoy los jóvenes no se sueñan novilleros sino sicarios, porque el narcotráfico ofrece más que el toreo”. Y ya metido en la reflexión profunda y dolorida siguió la tendencia de don José Ortega y Gasset, quien aplicaba a todo el ojo teórico: "El estado de la fiesta brava es reflejo del estado del país". Cerró su intervención expresando algo que es diagnóstico y deseo personal: "Si el país resurge, resurgirá la fiesta".

Como todo espada que se respete, el torero de la tierra y anfitrión de esta interesante jornada de reflexión, don Horacio Reiba, Alcalino, compartió un dato interesante: los antitaurinos que se creen defensores de los animales no quisieron venir a esta conferencia. "Suelen ir a mítines, pero rehúyen la discusión, bajo la falsa afirmación de que el toreo es tortura, olvidando que la tortura es algo que se inflige desde la ventaja total a un ser indefenso”.

El ganadero don Juan Huerta y el médico veterinario de plaza Jose Luis Calva.

Al pisar la arena por segunda vez, el diestro Páez mostró el oficio: “somos aficionados a una entelequia y no a lo que sucede, pues lamentablemente nuestro referente de admiración son las anécdotas lejanas, no las recientes. Los abusos de los toreros españoles o franceses ante becerros, son posibles sólo aquí en México, que equivale a su sitio vacacional, una especie de Hawaii taurino”. Tras darle un respiro al público, retomó la faena: “¿debemos creer que el señor Bailleres es muy bueno en todos sus negocios y pésimo en lo taurino? ¿Dan trato distinto a cada uno de sus diversos negocios? ¿Éxito y fracaso conviven como hermanos gemelos? Los empresarios taurinos españoles ganan en serio, en tanto que los mexicanos se dedican a perder en serio".

Lumbrera Chico, en su segundo paso por el albero, fue lapidario: "la prensa taurina tiene una gran responsabilidad en el desastre que vive la fiesta. Abundan los incultos y chayoteros, por lo que las mulillas que arrastran los cadáveres de los toros terminan mereciendo más respeto que los pseudo periodistas que viven de engañar al público".

Después de los conferencistas, vinieron las intervenciones del numeroso público asistente: nuestro distinguido y aguerrido colega Jaime Oaxaca retomó lo que ha sido su lucha: el secuestro de la plaza poblana "El Relicario" por parte de la mafia encabezada por el gobernador Mario Marín, quien hizo “Secretario De La Plaza El Relicario”  al ganadero José María Arturo Huerta.

El ganadero don Juan Huerta Ortega, hijo del ilustre creador de reses bravas don Reyes Huerta, felicitó a La Jornada de Oriente y reflexionó en torno a la fiesta: "Queremos toros de cuatro años con peso y movilidad; es deseable que pueda rescatarse la fiesta brava en México, rescatando su dignidad”.

Lumbrera Chico, Luis Rubén Hernández y Leonardo Páez.

Cerró esta interesante plática Leonardo Páez, recordando un bravísimo ejemplar que el ganadero Juan Huerta envió a la plaza México, y el cual fue desaprovechado lamentablemente por el novillero Manolo Sánchez, faena frustrada que le costó una agria discusión con quien fuera su apoderado, Juanito Hernández.

El maestro Páez emplazó a todos los presentes a exigirles a los gobernadores electos de Puebla y de Tlaxcala que tomen posición respecto de la fiesta brava, que la revaloren.

Fue una espléndida anoche de reflexiones taurinas, la cual hay que agradecer a la Jornada de Oriente, al colega Alcalino y a los propietarios de la espléndida sede que fue la librería Profética. Que este nombre acompañe a los deseos que los taurinos expresamos en el centro histórico de la bellísima ciudad de Puebla.

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