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TOROS
Fiesta mansa
Tarde de toros mansos y ¡puerta grande!
Como pegarle a Obregón
Por: El Niño del Coso       Fotos: Víctor Esparza


Para muy malo pintan las cosas en el mundo taurino mexicano cuando el engaño al público se convierte en desvergüenza a gritos, pero además tragada con gusto por los asistentes a los ruedos, que no por los aficionados.

Toreando al castaño al hilo de las tablas

La tarde de ayer fue una catarata de contrasentidos a partir de una renuncia a lo esencial: no hay cómo llamar “brava” a una fiesta que se fuga de su deber. Los toros mansos, descastados y, para colmo, débiles, son la negación del rito ancestral que hacía de la palabra toreo sinónimo de peligro, de valor, de arrojo, de convicción y emoción.
Lamentablemente, en esta mascarada participan prácticamente todos los sectores que debieran concurrir en gallarda defensa de su propio interés. Empresarios, toreros, ganaderos, subalternos y público, terminan por representar una fiesta despojada de lo que le da grandeza y autenticidad: el toro bravo.

Las buenas maneras de Mario Aguilar.

Y el resultado es algo como lo que vimos ayer: una tarde en la que los diestros tuvieron que intentar que pareciera que en el ruedo había algo digno de verse. Y entonces uno ya no entiende nada: el cartel estuvo conformado por toreros poderosos que no tuvieron frente a ellos toros que los exigieran y permitieran lucir su oficio.

Poco hay que comentar, fuera de las dos estocadas (una del Juli  y otra del Cejas,) y algunos detalles del aguascalentense Mario Aguilar, quien mostró autenticidad y verdaderos deseos de agradar al respetable. Pero con semejante bueyada poco se podía hacer.

estocada
Estocada hasta las cintas

El Juli

Recursos físicos y taurinos, conocimiento y sitio le sobran a Julián López, el ayer niño sensación y hoy figura del toreo. Pero resulta que viene a la Plaza México a torear ganado manso, que  no le representa ningún riesgo. Y aparece el contrasentido que se convierte en desfiguro: un torero poderoso “toreando” ganado manso, gordo acochinado, que no embiste ni se defiende y que se cae de débil. Es como si a Plácido Domingo lo acompañara una desincronizada orquesta de beodos: como si golpear a un tullido fuera suficiente para ganar un campeonato mundial de boxeo.
En su primer toro dio algunos pases interesantes con el capote y con chicuelinas andantes lo llevó al caballo sólo para que lo saludara con un piquetito. Le sacó al toro algunas tandas con cambios de mano y lo despachó de soberbia estocada que lo hizo rodar patas arriba. El juez Roberto Andrade se fue de manos y premió con dos orejas una faena muy insignificante a un animal que no mostró bravura.
En su segundo toro, el Juli se esforzó por aparentar que traía muchas ganas de triunfar y mal fingió enojo ante las constantes caídas de un ejemplar poco menos que lisiado. Estuvo la cosa tan caida, que el juez no halló cómo soltarle otra oreja.

El manso
El manso rodó patas arriba y el público pidió premiar la faena.

El Cejas

Arturo Macías es un torero poderoso, que cada tarde sale a ganarse el aplauso, pero corrió una suerte muy similar a la del primer espada: al no tener toro bravo enfrente, no pudo lucir toda su capacidad.

Con su primer enemigo, hizo una faena por arriba de lo que realmente traía el astado. Bellas gaoneras, pases templados a un animal muy quedado, que terminó francamente agarrado al piso. Gran estocada y el juez tuvo que repetir el mal numerito de aventar las orejas como si de confeti se tratara. ¡Qué pena!: dos orejas arrancadas a un toro más que manso.

El Cejas
Pase cambiado por la espalda, del Cejas.


Su segundo toro salió aún peor que el primero de su lote. Sin comentarios.
La pregunta vale para los toreros así premiados ¿Qué valor pueden tener esos trofeos?

Mario Aguilar

La confirmación de su alternativa le mereció a Mario la mayor seriedad. En ambos toros intentó hacer faena, pero los bichos que le tocaron en suerte tuvieron el sello de la ganadería Bernaldo de Quirós: sosos, mansos, de bostezo. El primero tuvo mejor pinta y cuerna; pero el que cerró plaza y otro de sus hermanos más parecían novillos.

Arturo Macias
Macías lo intenta; el toro, por los suelos.


Mario mostró deseos y muy buenos detalles. En él hay un torero bueno. Habrá que esperarlo  poco, porque ya está muy puesto y es solvente. Merece más oportunidades.

Doloroso balance

La tarde fue muy mala, con todo y la buena entrada y la salida a hombros del Juli  y el Cejas.

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