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CULTURA

Esta foto me envenena

Por: María T.

¡Hola!,  queridos amigos. ¿Cómo están? Espero que muy bien. Nuevamente tengo la oportunidad de comunicarme con ustedes. Y antes que otra cosa; agradezco a  Mirada Regional la oportunidad que me brindan de continuar sugiriendo libros  para todos ustedes.  

Como recordarán, ya en otra ocasión mis columnas eran para que ustedes, pequeños y grandes lectores, lean en casa como tarea del hogar, con libros propios para niños, adolescentes y gente en general.

Además, una de las cosas más importantes para mí es poder enviarles siempre un mensaje a los padres de familia para que lo analicen, en nuestra sección Escuela para padres, que aparece al final de mi texto.

Su lectura:

Entre las preocupaciones de algunos medios de comunicación está la exhibición de imágenes violentas.

En 1980, una imagen me impresionó: durante el incendio de la embajada de España en Guatemala, una persona se agarró de los barrotes de la protección de la ventana, y gritaba mientras las llamas llegaban a él: ¡Piedad, piedad!

Apagué el televisor. Eso para mí era demasiado.

Al día siguiente, en mi trabajo todos comentaban el hecho, y cuando me preguntaron, dije: Ese tipo de cosas no deberían verlas los niños. Además, fue humillante para quienes no pudieron salir y se dieron cuenta de que había gentes observándolos y no se iban a retirar para evitar ver como se quemarían.

“El 31 de enero de 1980 las fuerzas de seguridad de Guatemala incendiaron la embajada de España en la capital, que había sido ocupada por indígenas que denunciaban la represión militar. Durante el incendio murieron quemadas 37 personas entre ellas tres españoles.
El ministerio público no ha explicado qué buscará en los expedientes de las autopsias que se practicaron hace 29 años.
La masacre de la embajada ocurrió durante el régimen que presidía el general Fernando Romeo Lucas (1978-1980), ya fallecido. Es uno de los casos denunciados  en 1999 por la activista indígena Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, ante la Audiencia Nacional de España. Uno de los fallecidos era su padre, Vicente Menchú, dirigente del Comité de Unidad Campesina” (Agencia EFE).

Ante el dolor de los Demás

“No todas las reacciones a estas imágenes están supervisadas por la razón y la conciencia. La mayor parte de las representaciones de cuerpos atormentados y mutilados incitan en efecto interés lascivo… todas las imágenes que exponen la violación de un cuerpo atractivo son en alguna medida pornográficas. Pero las imágenes de lo repulsivo pueden también fascinar.

El punto de vista propuesto en  [el libro] Sobre la fotografía, según el cual nuestra capacidad de responder a nuestras experiencias con renovadas emociones y pertinencia ética está siendo socavada por la incesante difusión de imágenes vulgares y espantosas, puede catalogarse como la crítica conservadora de la difusión de tales imágenes.

Califico este argumento de conservador porque lo que se erosiona es el sentido de la realidad. Una realidad que existe con independencia de los intentos por atenuar su autoridad. El argumento es de hecho una defensa de la realidad…

En el desarrollo radical –cínico- de esta crítica, no hay nada que defender: las enormes fauces de la modernidad han masticado la realidad y escupido todo el revoltijo en forma de imágenes. Según un análisis harto influyente, vivimos en una “sociedad del espectáculo”.

Estacionados frente a las pequeñas pantallas –de televisor, del ordenador y de la agenda electrónica podemos navegar hasta las imágenes y breves reportajes de los desastres en todo el mundo… y los sufrimientos de algunas personas tienen para los espectadores un interés intrínseco mucho mayor. Mucha de la gente cambiaría de canal si los medios informativos dedicasen más tiempo a los pormenores del sufrimiento humano causado por la guerra y otras infamias”….1

Deseo que sean muchas las personas que soliciten que tales imágenes desaparezcan; no podemos acostumbrarnos a vivir en medio de la violencia, ya que tales referencias eso provocan.

Los cuidados exagerados

Proteger exageradamente al hijo, llevar a cabo medidas de cuidado que están más allá del sentido común o de lo razonablemente esperado.

“El niño necesita crecer, desarrollarse, explorar el mundo que le rodea. Con ello avanza física y emocionalmente. Sus padres son la mejor guía para recorrer esos caminos. No puede ir solo. La protección adecuada consiste en permitirle avanzar, sin que ello le ponga en peligro ni que se limite su libertad,  al grado tal de no ser más que un espectador de lo que debería ser su actuación.

La sobreprotección no se aplica únicamente a los niños pequeños. Es una exageración que incluye a los niños mayores y adolescentes y, peor aún, también a los adultos. No es necesario pasarse de la raya y pretender evitarle todos los peligros al vástago. La sobreprotección impide que el niño crezca y se desarrolle. Le restringe oportunidades para conocer otras personas y lugares, le resta experiencia, pues lo infantiliza”.2

Continuará…

Señores padres de familia, mucho agradecería enviar sus puntos de vista a: mariat109@hotmail.com

Lean, por favor.
Hasta la próxima…

Bibliografía
1.- Ante el dolor de los demás. Susan Sontag. Editorial Punto de lectura.
2.- Los 10 errores más comunes en la educación de los hijos. Kart Sanders. Editorial Libra.

mariat109@hotmail.com
 
   
 
 
 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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