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TOROS
De Gaona a José Tomás: 100 años
Por: El Niño del Coso

…lance delantero que se ejecuta con el capote a la espalda

Wikipedia

…el torero, que mantiene un lado del capote sujeto con una mano y el otro con la otra,
estira uno de los brazos al acercarse el toro para mostrarle el engaño y darle
salida por ese lado, cargando a la vez la suerte. Pasa el toro ante el pecho.


planetatoro.com

…a Gaona siempre se lo recordará por su toreo de exquisita elegancia y por el dominio perfecto del capote, banderillas y muleta; a una altura, como dice Alfonso Carlos Saíz Valdivielso, muy pocas veces alcanzada.

omenlosmedios.blogspot.com

Gaona
La arrogante elegancia de Rodolfo Gaona
 

Cuando los aficionados españoles vibraron en la madrileña  Plaza de Tetuán de las Victorias viendo a Rodolfo Gaona ejecutar la comprometida y vistosa suerte que lo evoca cada tarde de toros, la gaonera, la describieron así: “por delante, desde atrás”.

Convengamos en que la descripción es buena, fidedigna. Pero a fuer de ser taurinos, aceptemos también que se queda corta, que resulta mezquina:

- Porque pasa por alto toda la verdad, toda la capacidad de comprometerse que el diestro guanajuatense ponía en ella.

- Porque al señalar la colocación del capote, la invitación a embestir y, finalmente el camino que sigue el toro en tan lucido lance, calla el ingrediente principal de tan regio platillo: que en la gaonera el capote no hace las veces de engaño, pues no oculta al torero, que pone su cuerpo por delante.

En la gaonera no cabe decir que el torero adelantó el engaño y que al verse descubierto por desacompasada ejecución lo alcanzó el cornúpeta, porque precisamente de eso se trata: de poner el cuerpo frente a los cuernos de un animal que en ese momento está entero, poderoso, con muchas patas, pues aún no le han hecho sangre los picadores o que recién va saliendo de la suerte de varas. Por eso es injusto para el percal y hasta calumnioso para el torero  hacer  al capote sinónimo de engaño. En esta ocasión no lo es.

 Esa suerte que inmortaliza su nombre fue la carta de presentación del también llamado “Califa de León” en fecha tan lejana a nosotros: 1908. Un siglo después, ya hablamos de “nuestros días”,  pero la pregunta obligada es si son sólo nuestros. O más precisamente: si Rodolfo Gaona es ajeno a las tardes de toros que se desgranan a cien años de su presentación en Madrid. No lo creo. Por aquí anda ese esteta de la época de oro del toreo. Se nos aparece cada vez que José Tomás se planta en los medios del ruedo y ejecuta lentas, ceñidísimas gaoneras. Sin correr, sin prisas, porque, como diría Gaona, “a los toros hay que andarles”, caminarles con gracia, con su rotunda elegancia.

Es el 5 de junio de 2008, y ahí está José Tomás, oficiando despacio, con sabrosa cadencia, la liturgia de la tauromaquia. Y al lado suyo, o tal vez sujetando también el capote, está el indio grande del toreo mexicano.

Gaonera de José Tomás
Gaonera de José Tomás. Otro clásico.

No se puede considerar muerto a Rodolfo Gaona cuando otro gigante del toreo lo invoca, lo revive, si cabe decirlo, al recrear su suerte, con su propio estilo, pero con idéntica autenticidad. Al igual que Gaona, el torero de Galapagar no deja a nadie insatisfecho, pues a todos emociona, a todos convence con su entrega. Y es que, como lo escribió Joaquín Sabina: “el toreo verdadero pone de acuerdo hasta a los disidentes”. Se refería al temible tendido siete que reúne a los más furibundos y exigentes aficionados en la madrileña Plaza de las Ventas, aquellos que ignoran las diferencias entre un armonioso saltillo y un descomunal miura, los que piden tardes redondas aunque las corridas sean descuadradas. Los que en lugar de “olé” gritan “miau”, ante el esfuerzo torero  por sujetar a un bicho de descompuesta embestida.

Pues bien, la tarde de las cuatro orejas cortadas por José Tomás en su reaparición en el coso venteño, Sabina dejó escrito que “había unanimidad en el siete, en el nueve, en el diez, en el once y en la madre que los parió”. Con la intensidad de su faena había logrado “tapar bocas, que dicen los taurinos”. Se llevó tres cornadas y una cantidad de trofeos que hacía cuarenta años no se entregaban en la capital mundial del Toreo. Y a su lado, seguramente sintiéndose tocado por los vuelos de su capote, estuvo Rodolfo Gaona.

Ciclo perfecto, estos cien años del toreo.

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