Texcoco, Méx., a 14 de Enero de 2010.- El comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) David Garay Maldonado es un servidor público al que los terrenos policiacos no le eran desconocidos cuando fue puesto con tan pomposo nombre frente a la policía que ostenta también un nombre rimbombante. Antes de ser titular de la policía preventiva estatal lo fue de la del Distrito Federal durante la presidencia de Ernesto Zedillo, quien lo cesó tras la golpiza que sus elementos asestaron a maestros del estado de Oaxaca que pretendían llegar a la casa presidencial de Los Pinos. Jurista, también se ha desempeñado en los campos de la procuración de justicia: fue sub procurador del estado de México, en la sede de Texcoco.
En los últimos días su nombre suena con motivo de un tema que no puede serle nada agradable: la incidencia delictiva en el estado de México vive uno de sus peores momentos. Tan sólo en los primeros diez días del año, la policía estatal no ha pasado de ser un testigo más en la cosecha de cadáveres que surca a esta entidad, frente a la cual el gobernador Enrique Peña Nieto, Garay Maldonado y otros de sus funcionarios alegan que el mal momento lo vive todo el país. Cierto, pero también es cierto que la policía a su cargo no ha mejorado la seguridad de los mexiquenses desde su llegada al cargo.
Pero Garay se defiende: en entrevista otorgada al diario toluqueño 8Columnas, Garay Maldonado negó que la delincuencia esté fuera de control y señaló que la policía la combate de manera frontal.
Destacó que existen dispositivos de vigilancia especial en los 26 municipios que presentan la mayor incidencia delictiva. Dijo que la autoridad está poniendo todo su esfuerzo y recursos para dar mejores resultados a la población. En abono de su postura mencionó que el número de detenidos por policías de la corporación a su mando en 2009 fue mayor en casi 80 por ciento a los de 2008. Negó también que haya fallas en materia de inteligencia y abundó diciendo que no se requiere sólo a la policía en términos de presencia, sino hacer también labores de inteligencia, de análisis. Aclaró que los delincuentes también hacen sus análisis costo-beneficio para así cometer sólo los delitos que menos les pueden costar, pero señaló que “como dice el Premio Nobel de Economía tenemos que encarecer la comisión de delitos… pero primero que nada detener a los que lo cometen”. Y de eso se trata, de que ni sus policías ni la policía ministerial que no depende de él, sino de la Procuraduría de Justicia mexiquense, han podido detener la ola delictiva.
No sobra recordar que muy recientemente David Garay debió salir a hacerle el quite a Peña Nieto por el llamado que le hiciera el Senado de la República para contener los abusos de la policía de tránsito, la cual está bajo el mando directo de Garay, pero de la que es el más alto mando el gobernador. Misión imposible. En una pésima defensa de su jefe, Garay culpó de la causa del llamado senatorial a las policías de los municipios, en artilugio que nadie tragó, pues el señalamiento promovido por el senador zacatecano Ricardo Monreal fue claramente dirigido al gobierno mexiquense.
Malo para Garay que el nombre de la policía a su mando sea relacionado, lo mismo por el Senado que por los ciudadanos comunes, con la ineficiencia y el abuso.
En el caso de Texcoco decir ASE o policía estatal (el nombre es lo de menos) quiere decir los abusos de la policía de tránsito; el trato rudo para los ciudadanos y suave para los permisionarios del transporte que tienen como patio de maniobras prácticamente toda la calle Fray Pedro de Gante y que hacen enloquecer la circulación vehicular sin que les sea levantada ninguna infracción. Da la impresión de que los transportistas, y no Garay, son el verdadero mando de la policía de tránsito.
Cuarto titular de la policía estatal durante el sexenio de Peña Nieto, todo parece indicar que en cualquier momento se retirará del cargo. O no se retirará. Lo que sí es seguro es que la falta de voluntad para que la policía estatal sea una corporación cercana a los ciudadanos seguirá instalada en Palacio de Gobierno, en Toluca. Comisionados van y vienen, y el asunto no deja de empeorar. Sería injusto culpar solamente a las variables y dejar de ver al común denominador. |