El pasado domingo 2 de noviembre vimos auténticos toros en la Plaza México. La presentación de la ganadería de San Mateo, del ganadero Ignacio García Villaseñor, hijo del gran taurino jalisciense Ignacio García Aceves, fundador del “Progreso” de Guadalajara, la vieja plaza de toros del barrio de San Juan de Dios, y después constructor de la plaza “El Nuevo Progreso”, de la avenida Independencia de Guadalajara, frente al estadio Jalisco. Esta plaza de toros puede albergar 18 mil almas. Se dice rápido, pero es de la misma capacidad que la plaza de toros de “Las Ventas”, de Madrid.
Ignacio García Aceves fue quien rescató a los Llaguno. Cuando ya José Antonio Llaguno, el heredero del inmortal ganadero de San Mateo estaba por terminar de dilapidar todos sus recursos, Don Nacho lo evitó, se asoció con él y, al final, adquirió el ilustre hierro de esa extraordinaria ganadería.

Saltillos de la hacienda de Tepalca. Foto: Alberto Raúl Macías.
En este 2008 se cumplen 100 años de que Ricardo Torres Bombita ofreció a los hermanos Llaguno traer toros del Marqués del Saltillo, que fueron venturosamente cuidados durante la revolución para que no se mezclasen con ganado manso, lo que dio lugar a historias heroicas.
Leyendas aparte, para 1937 ó 38, quince o dieciséis años después de terminar el movimiento armado, era Antonio Llaguno quien, sin discusión alguna, cortaba el bacalao en los cosos de México.

Un saltillo de la ganadería de Victorino Martín.
San Mateo es una ganadería prócer, piedra miliar de la que surgieron muchas de las vacadas que actualmente lidian en nuestras plazas. Creo que de todas las sangres que llegaron de España, sobrevivió la del Marqués del Saltillo: llámese Piedras Negras o La Laguna en Tlaxcala, o San Mateo o Torrecilla, en Zacatecas.
La presentación de la ganadería de San Mateo el pasado domingo 2 de noviembre en la Plaza México, nos trajo a la memoria el toro de antaño. Cinco de las reses lidiadas tuvieron trapío y exigente bravura.
Lució en su segundo Guillermo Capetillo, cuyo arte inigualable no conoce de academia y que le gusta a más gente de la que debiera. Aunque técnicamente no sea un gran torero, tiene un regusto que la afición lame. Y cuando la afición es polémica, merece respeto.
Con el frío, llegó Fernando Ochoa, torero gélido, pero perfecto, que quizá a muchos les recuerde a Alfredo Leal, pero que me hace rememorar al hoy juez de plaza Chucho Córdova, a quien, en sus tiempos de matador, el inmortal cronista Carlos León bautizó como el Frigidaire, por las mismas polares razones. Y hoy no sabemos si llega el séptimo frente frío o si quien llegó fue Fernando Ochoa, torero de casta y de tradición michoacana, que también es mucho muy fino. Pero principalmente quiero comentar cómo estuvo Fero con el tercero de la tarde. Ochoa no puede comunicarse con nadie; ni con el juez de plaza. Sólo en un momento, ante insultos del público de sol, se llevó para allá al toro y, saliéndose de su habitual parsimonia, se fletó, se enfrentó, se embraguetó, lidió y le metió bien la espada. Sin duda, merecía una oreja, pero el Juez de plaza no lo quiso.
Mucho valor, el del michoacano Juan Chávez, que tomó la alternativa cortando oreja. Y también podríamos decir que tuvo mucha suerte de que no lo matara el toro.
A pesar de que fue un error fundamental que echaran como primero al que debió ser sexto y como sexto al que debió ser el primero, fue una gran tarde de toros.
Lo que vendrá
En la selección nacional que enfrentará a los diestros españoles, a estas fechas pasan Juan Chávez, Humberto Flores, Pepe López y algunos otros noveles que también brillarán. Habrá que ver lo que hacen ellos en el ruedo y el empresario Curro Leal a la hora de armar los carteles.
Hasta la próxima, amigos. |