Los registros de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia nos dicen que Tlaxcala es la entidad federativa en la que están asentadas el mayor número de ganaderías. Treinta y ocho heredades prestan su suelo a otras tantas dehesas que producen una buena parte de los toros que se lidian en las plazas mexicanas.
 |
El viejo casco de la Hacienda de Tepeyahualco |
 |
Los muros fértiles. En los paredones de adobe la naturaleza pelea su espacio |
Una de estas ganaderías pace en la hermosa ex hacienda de San José Tepeyahualco. Hablamos de la ganadería propiedad del licenciado Juan Huerta Ortega, quien lidia sus toros bajo la denominación formada con su nombre de pila y su primer apellido: Juan Huerta.
 |
Se trata de una dehesa muy taurina, aunque el término pueda parecer, a primera vista, redundante. Pero es que lo taurino, el apego a la fiesta brava, le viene de lejos, de cerca y por los cuatro costados: su propietario es hijo de quien fuera gran ganadero, don Reyes Huerta Velázquez, cuyos novillos y toros, afincados en la ex hacienda de Ajuluapan, en el estado de Puebla, han tenido una gran presencia desde 1960 hasta finales del siglo pasado.
En el caso de la ganadería que nos ocupa, cabe decir que fue fundada en 1937 por El Orfebre Tapatío, Pepe Ortiz, en el guanajuatense municipio de San Miguel Allende con vacas y sementales de Malpaso, a los que agregaron sangre de San Mateo y Zacatepec. Posteriormente fue propiedad de don Carlos Trouyet, quien la heredó a sus hijos Carlos y Jorge, quienes la administraron con el nombre de San Carlos, hasta 1975 en que vendieron la ganadería. |
Los umbrales invitan a pasar. |
Tras haber sido vendida y vuelta a vender, esta casa ganadera fue adquirida en 1991 por su actual propietario, quien le agregó 65 vacas y 4 sementales de Reyes Huerta y le cambió el nombre a Juan Huerta.
 |
Maguey, muros, ventana... y el toro al fondo |
 |
Cárdenos, sardos, colorados...son los toros de Tepeyahualco. |
En su aún corta vida, esta ganadería ha obtenido importantes triunfos: en 1995, su novillo Debutante se convirtió en el primero indultado en la plaza Antonio Velázquez, el feudo de los señores Chucho y Pepe Arroyo, en Tlalpan, ciudad de México.
 |
Ángel Campos, en eficiente manejo del que se va a marcar. |
En el muy cercano 2008, el licenciado Huerta decidió refrescar la sangre de su ganadería con sementales y vacas de San Mateo, ganadería madre de la cabaña brava mexicana. En ese mismo año se decidió llevar la vacada a los campos de la ex hacienda de San José Tepeyahualco, ubicada en el municipio de Tlaxco, Tlaxcala. Ahí, en estas tierras tan fértiles se prodigan los cuidados en todas las faenas camperas que reclama la muy celosa labor del ganadero de campo bravo.
 |
La vaquilla colorada, esperando turno. |
El sábado 12 de diciembre, día de las Lupitas, “fecha grande” en las tradiciones mexicanas, tuvimos que contener el brío del motor para llegar a esta bella ganadería, pues durante todo el trayecto de Texcoco hasta Tepeyahualco la fe guadalupana reclamó y conquistó su espacio: en ese día todos los caminos son de ida o vuelta al Tepeyac. Y es que ahí en la hacienda se llevó a cabo una de las labores más importantes de toda ganadería: marcar el ganado con el fierro de la casa. Empeño no exento de nerviosismo, pues hay que cuidar al máximo a los toritos, ya que un manejo brusco o descuidado puede dar como resultado el desarrollo defectuoso de las cornamentas. Así que hay que echar mano de las orejas de las reses y abundante mano de obra para poderlas derribar e inmovilizar. Garantizada la ausencia de movimiento, los hierros candentes hacen su parte.
 |
 |
Aplicando los hierros candentes. |
Desde la llegada, durante la esforzada faena y ya concluido el herradero, el licenciado Juan Huerta Ortega y su hijo, el M.C. Juan Pablo Huerta Cruz ejercieron el amable oficio de la anfitrionía. Al término de la labor identificatoria de su ganado, se sumaron a la mesa a departir gentilmente con todos los invitados. Tlacoyos con salsas verde y roja, arroz, barbacoa y vino tinto fueron el plato ofrecido a los amigos. El día fue espléndido y la convivencia también.
 |
El fierro de la ganadería Juan Huerta. Jota y Ache se hermanan. |
Las vaquillas y toretes que ya ostentan el fierro de la casa pasaron a sus respectivos corrales. El ganadero y sus invitados se retiraron de la hacienda con un gran sabor de boca. |