Mirada regional
 
Opinion Nacional Cultura Toros
 

CULTURA

Hugo Loaiza Almaraz o la estética de una ética

Por: Manuel Valverde Reyes*

Todo pintor se pinta a sí mismo
Lorenzo el Magnífico

Si como dicen los manuales de psicoanálisis, infancia es destino, la del pintor Hugo Loaiza –como parte de una familia con tradición artística– está ubicada en un medio donde cotidianamente se habla el lenguaje de las artes. Al evocar sus primeros años Hugo se recuerda entre materiales, objetos e ideas con sentido artístico. Ya desde su adolescencia sabe que un dibujo no todos pueden hacerlo y que si se hace bien, siempre habrá quien se interese en comprarlo. En esta etapa se decide por la música y estudia guitarra clásica y con ello aprende dos rasgos básicos de todo artista: una visión universal del hombre y disciplina. Esos atributos le permitirán ir por el mundo, literalmente, haciendo para vivir exclusivamente aquello que reclame sensibilidad y creatividad: su modelo de artista es renacentista: “quien busque serlo, dice, debe tener, entre otras cosas, solvencia intelectual, aguda sensibilidad y destreza manual”.

Molino de Flores. Técnica: óleo a la espátula.

Rasgos así, en la parte plástica, Hugo los adquirió en mucho de manera autodidacta –libros, muchos libros; museos de diversas latitudes y una constante y apasionada práctica han sido para él su verdadera escuela y que complementó asistiendo a dos talleres­–. Consciente de que en un artista el aprendizaje nunca se interrumpe, Hugo incorpora sistemáticamente más conocimientos a su acervo. Todo lo dicho sirve para ver su obra plástica, la musical está un tanto aparte. En sus cuadros se observan las huellas de una tradición pictórica (teoría, historia y técnica) bien asimilada: composición de acuerdo a reglas –incluso, ha pintado obras donde las líneas de la estructura compositiva al final son remarcadas; ejercicio que es en sí una reflexión sobre el trabajo pictórico–; un dibujo de trazos precisos y seguros (el dibujo es la probidad del Arte, decía Ingres), y que en el caso de la figura humana tiende a ser perfeccionista; juegos de luz y sombra de influencia clásica (con su dominio del claroscuro, sus figuras alcanzan el volumen y el dramatismo que ya pocos pintores conocen y menos practican) y un colorido armónico.

En una obra así hay mucho que ver: su apego a la tradición académica; como el encuadre tradicional de casi todo su trabajo. Aspecto que inmediatamente supera cuando hace cuadros de corte semiabstracto o totalmente abstractos como se ve en lo expuesto en el Centro Cultural Regional de Texcoco y que habla de la diversidad de recursos y técnicas que abarca. Si bien sus temas generalmente pueden ser vistos como paisajes, bodegones o figuras de animales (frecuentemente caballos)…; Hugo nos aclara que “el tema es secundario”. En efecto, lo que parece un caballo es un ejercicio de claroscuro con una cascada de colores cálidos que parece una crin; una elaborada composición en espiral semeja un desnudo femenino; una danza de manchas circulares de diferentes colores evoca un bodegón; el juego de trazos blanquiazules combinados con tonalidades de verde, diestramente trazados, se confunden con paisajes: en la pintura de Hugo Loaiza se cumplen ejemplarmente aquellas citas caras a Octavio Paz: el gran tema de la pintura es el color o en Arte no hay qué, hay cómo.

Al asociar la pintura con términos como composición, armonía, tonalidad y otros; estamos reconociendo ese sustrato común de música y pintura. En el caso del trabajo de Hugo, es precisamente en su faceta abstracta donde mejor se aprecia al músico y compositor clásico que indudablemente es: cada cuadro de sus abstractos parece ilustrar formas musicales como: contrapunto, sonata, fuga, etc. Su lenguaje pictórico-musical es el de alguien que dueño de dos oficios –para pintar–, toma la materia en sus manos y haciendo gala de una intuición que caracteriza a todo auténtico artista, crea o, más bien, construye formas libres en formatos no convencionales. El juego de planos, las combinaciones de color, la búsqueda de efectos por superposición de capas y la perspectiva atmosférica –recursos con los que resuelve lo que parece figurativo–, se mantienen. E inclusive, para estos cuadros las reglas de composición “estorban”, señala el pintor.

Pero hace falta enfatizar rasgos poco conocidos de este autor y que son los que le dan título a esta nota y que además, lo hacen diferente a tantos pintores aficionados. Los procesos de creación de Hugo –ahora ya en una etapa de madurez artística– son consecuencia de una posición ética ante la existencia: autenticidad para ir por el mundo, en particular por el universo artístico; respeto por todas las expresiones de vida, en especial un profundo aprecio por los animales, gusto por la vida sencilla y discreta; interés por las otras artes y una visión crítica ante las formas de creación producto de sumarse a una moda o basadas en el desconocimiento de la esencia artística o la mala fe de quienes para vender sus cuadros, sorprenden a compradores desinformados.

La exposición de Hugo Loaiza en el Centro Cultural Regional –entre el 14 y el 28 de mayo de este 2010– fue  sólo una pequeña muestra de su abundante producción y de la cual tiene coleccionistas. En poco más de veinte años dedicados a la plástica, de manera paciente –como si de una obra más se tratara–, ha ido construyendo una trayectoria artística que ya en este tiempo le permite ocupar un lugar importante dentro de la reducida creación de calidad de esta parte del Estado de México. De hecho, un comentario de él mismo ilustra la situación del arte en nuestro entorno: “sólo la décima parte de quienes pintan y exponen en nuestra región, entre ellos varias damas, son artistas”.

*Crítico de arte
redaccion@mirada-regional.com
 
   
 
 
 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Mirada Regional, periódico del oriente mexiquense, es una publicación de Lenguas de Pentecostés, S.A. de C.V. . Callejón de San Pablo No. 118, Colonia Zaragoza, Texcoco, Estado de México.
-- Certificado de reserva de derechos al uso exclusivo: 04-2008-051317040000-101, expedido por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Tel. (595) 92 522 39