Con astados de la ganadería de San José, de presencia aceptable y fuerza muy medida (excepto el primero que regaló el diestro hispano, de tamaño francamente chico) inició la temporada grande 2009 en la plaza México.
Cartel interesante que anunciaba la despedida de Manolo Arruza, la presentación del muy querido Enrique Ponce y el diestro capitalino Fermín Spínola, triunfador de la anterior temporada. Dos veteranos y un joven que empuja fuerte.
Tarde cargada de emoción y sentimiento, pues se cortaron cinco orejas. Sin sensiblerías, cabe anotar que el juez pudo otorgar una oreja más en el toro de la despedida de Manolo Arruza, pues se trataba de premiar no sólo una faena en la que el diestro actuó con mucho compromiso, sino también una trayectoria y, muy probablemente, el cierre de un ciclo dinástico de gran solera en la tauromaquia mexicana.
Arruza
Con 54 años cumplidos y figura atlética, el hijo del Ciclón mexicano vistió terno en verde agua y oro. Enfrentó su primer enemigo con un toreo muy solvente y luciendo en los tres tercios. Mostrando excelentes facultades, Manolo hizo honor a la gran tradición de los rehileteros mexicanos que además es sello de la casa, pues puso los zarzos con gusto y lucimiento.
Tras brindar a todo el público asistente (tal vez poco más de media plaza), Manolo dio bellos muletazos por el lado derecho, muy erguido y templando con gran sentimiento. Intentó hacer una faena más larga de lo que permitía el toro, cobrando venturosamente una bella estocada que le valió ser premiado con la primera oreja de la temporada.
En su segundo intento se encontró con un animal de bellísima lámina y mucho cuajo, que lamentablemente se fue quedando parado desde los primeros lances. A pesar de la poca colaboración del cornúpeta, Manolo le sacó pases de gran compromiso, entre ellos un molinete de rodillas al que siguió un electrizante pase ligado con cambio de mano, de enorme lucimiento. Y todo realizado con la elasticidad de un quinceañero. Lamentablemente pinchó hasta en tres ocasiones antes de pasaportar a su último toro. En presencia de los matadores Chucho Solórzano, Guillermo Capetillo y Alfonso Ramírez el Capitán, el pequeño Carlos Manuel Arruza cortó el añadido a su padre en una ceremonia de gran emotividad a la que el público se sumó con respeto y cariño. Manolo lució emocionado y se le vio salir feliz.
Que haya buena mano como maestro de jóvenes y como apoderado de la excelente torera Hilda Tenorio. El fruto ha madurado y ya urge que tome la alternativa. Desde luego, en la Plaza México.
Ponce
El diestro valenciano es uno de los consentidos de la plaza México. Vestido de grana y oro, inició su actuación luciendo con el capote en suaves mandiles que gustaron al público. Hay que acotar que sus banderilleros estuvieron fatales en sus tres toros. Inició la labor muleteril con doblones de estampa muy torera y vistosos cambios de mano. Sus muletazos por el lado derecho fueron, como de costumbre, de gran temple y reposo. Al intentar el toreo por naturales, el animal lo buscó de mala manera, en acusado cambio de lidia, lo que atajó el fluir de su faena. Al intentar otras tandas, el animal se vio ya sin fondo, por lo que logró sólo algunos pases aislados, en los que puso gran aguante ante un enemigo que se iba quedando a medio viaje y que volteaba a verlo. El esteta de Chiva mostró su gran oficio y tras efectiva estocada le fue otorgada una oreja.
El segundo burel de su lote, que brindó a Manolo Arruza, fue recibido con lances suaves que tuvieron un eco más bien discreto entre los asistentes. Mandó al picador a ensañarse con el toro, que resultó soso, muy parado y hasta rajado. Aguijoneado por la buena actuación de Spínola, el valenciano regaló un toro que el público protestó ruidosamente e hizo regresar a los corrales, petición a la que se sumó el propio torero. El segundo toro de regalo tampoco colaboró para el lucimiento de Ponce.
Spínola
Entre los más agradable de la tarde encontramos la actuación del joven diestro mexicano Fermín Spínola, de azul celeste y oro, quien se decidió a hacer el gasto muy en serio en los tres tercios y en sus dos toros.
En el primero hizo un espectacular quite por fregolinas y clavó de excelente manera a pesar de que el toro se frenó de manera extraña en el primero y segundo de los pares. Ya con la muleta, motivó al público con derechazos de aquí hasta allá. Por naturales, su intento fue breve. Tras excelente estocada recibió dos orejas y el toro fue homenajeado con arrastre lento.
En su segundo toro, después de que el picador diera un multipuyazo, Fermín protagonizó un segundo tercio muy lucido. Con la muleta dio varias series muy ligadas, dejando la muleta en el hocico del toro y rectificando apenas los terrenos entre pase y pase. Una de las tandas fue extraordinaria, de pases larguísimos y muy lucidores cambios de mano. He ahí un torero que quiere sobresalir, que engarzó una espléndida actuación con la que se le fue por delante a Enrique Ponce. Fermín se puede convertir en uno de los grandes animadores de esta temporada. Tras un pinchazo, logró estocada entera para cortar su tercera oreja de la tarde.
Fermín Spínola anuncia un nuevo ciclo en la tauromaquia mexicana.
Mirada
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