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OPINIÓN

General Lázaro Cárdenas

Por: Jorge H. Bourges Rodríguez


A casi 40 años de su fallecimiento, el pueblo mexicano lo sigue guardando en su memoria con admiración, respeto y cariño. El recuerdo adquiere especial intensidad cada aniversario de la expropiación petrolera. Esto se explica porque, aunque realizó otras grandes acciones a favor de nuestro país, la que acabamos de mencionar tuvo una fecha culminante cargada de gran dramatismo.

De hecho, todas las realizaciones de su gobierno estuvieron conectadas entre sí: fueron parte de un proyecto integral. Cada uno de esos actos fue internamente consistente, pero también congruente con los restantes.

Cuando alguien lee “La sombra del caudillo” –genial novela de don Martín Luis Guzmán- es probable que se pregunte ¿y dónde estaba el pueblo? El pueblo ya se había desmovilizado: el gran protagonista de la Revolución Mexicana había regresado a su terruño a recuperar su vida cotidiana al lado de sus seres queridos. El futuro político del país había quedado expuesto a golpes de mano sin más propósito que las ambiciones personales.

Al comienzo de la década de los años treinta, un grupo de líderes revolucionarios comprende que lo anterior se debe corregir llevando hasta sus últimas consecuencias los más radicales propósitos de la lucha que tantas pérdidas había costado a nuestra nación. A éste grupo pertenecía Lázaro Cárdenas y gozaba de un prestigio muy especial al interior de dicha formación política.

En su desempeño como comandante militar en las campañas donde participó no se manejó con la gran astucia de que hizo gala durante sus gestiones políticas. Sí tuvo gran arrojo y valentía, lo cual quizás le permitió ascender, siendo muy joven, al grado de general de división. Lo que si configuró una característica muy personal de su actuación fue su trato generoso con los vencidos, incluso desafiando órdenes de ejecución expedidas por el mismo Obregón, y contraviniendo la costumbre guerrera establecida durante más de veinte años. A la larga, esto formó parte importante de su capital político y, al llegar a la Presidencia de la República, le permitió reconciliar al grupo político dominante con los exiliados carrancistas, los también exiliados delahuertistas y con los vencidos cristeros.

El gran reparto agrario que llevó a cabo (16 millones de hectáreas de tierras de buena calidad) dio cumplimiento a la principal demanda que llevó a los mexicanos a tomar las armas durante la Revolución. Por consiguiente, esto trajo la paz al país y además dio origen al desarrollo de un mercado nacional de compradores, al principio modestos, pero cuyo crecimiento era predecible. Para capitalizar el campo mexicano, la medida fue complementada con la creación de la Nacional Reguladora que se encargó de asegurar la compra a productores y la venta a consumidores –a precios adecuados- de los productos alimenticios, con la formulación de proyectos nacionales a largo plazo para el desarrollo de la irrigación y la construcción de caminos, así como la ejecución de algunas obras iniciales correspondientes a dichos planes.

Para atender a ese naciente mercado interno, su gobierno formuló un proyecto de industrialización que era ambicioso, pero realizable. Por un lado, el estado establecería una serie –no muy numerosa- de grandes empresas de alta tecnología, que incluía la construcción de aviones, fabricación de motores de combustión interna, equipo para la generación y conducción de energía eléctrica y la entonces naciente electrónica; muchos fueron abandonados y otros modificador por los siguientes gobiernos. En este impulso quedó incluida la fundación de la Comisión Federal de Electricidad que poco a poco fue llevando el fluido a todos aquellos lugares que el desarrollo nacional requería y que no eran atendidos por las compañías privadas por no corresponder a sus intereses comerciales que, siendo legítimos, eran estrechos. Por otro lado y con el apoyo de la Nacional Financiera –cuyos objetivos habían sido reformulados al comenzar el sexenio cardenista- se harían llegar financiamientos preferentes a las empresas privadas que se dedicaran a producir artículos de amplio consumo popular. Una de las empresas que “se puso muy bien las pilas” fue la Compañía Industrial del Norte (CINSA) que empezó a llenar de artículos de peltre a todos los hogares de México, impulsando así la higiene alimenticia y con ello la salud de la población. Durante mi infancia vi muchos hogares humildes cuyos primeros artefactos de confort fueron unas estufas de peltre que quemaban petróleo diáfano, de sencillo y seguro funcionamiento y cuya limpieza era fácil de mantener.

Me duele reconocerlo, pero en aquellos años mi querida UNAM insistía en atender muy prioritariamente la demanda de estudios correspondiente a las profesiones liberales, siguiendo los requerimientos poco informados de una clase media muy primitiva. Para promover los estudios de alta tecnología, que apoyaran los proyectos económicos de la Revolución, el gobierno del cardenista creo al Instituto Politécnico Nacional llenando el espacio que la UNAM dejaba vacío.

Estas y otras grandes realizaciones del general Cárdenas lo dotaron de una enorme fuerza. Con este poder llegó al momento en que habrá de enfrentarse con Inglaterra, Holanda y los Estados Unidos. Sabía que llevaba las de ganar y actúo en consecuencia: tomó la decisión de nacionalizar la industria petrolera.

Las potencias europeas no podían distraer tropas a la vista del peligroso crecimiento del poderío nazi. La incapacidad de acción de los Estados Unidos se debía a dos situaciones muy especiales. El presidente Roosevelt había subido al poder gracias al apoyo del pueblo trabajador, prometiendo que metería en cintura al capital monopolista que con su irresponsable especulación había provocado la bancarrota del sistema financiero norteamericano; en ésas condiciones no podía declarar una guerra para defender a unas arrogantes empresas oligopólicas que habían desacatado un fallo de la Suprema Corte mexicana. Si aún así hubiera tomado ése camino tan impopular, se habría metido en una larga guerra que no perdería, pero que tampoco podría ganar dada la previsible resistencia popular que enfrentaría en su vecino país del sur. Posiblemente a la conciencia de esa situación se debió el tono angustioso de las misivas que Josephus Daniels, embajador en México, dirigió al secretario de estado Hull y al mismo presidente Roosevelt para que convencieran a las compañías petroleras de que debían ceder. Él había tratado a Cárdenas y sabía que es un hombre tranquilo pero decidido, que no menospreciaba el poderío norteamericano, pero que tampoco lo sobrevaloraba.

Así pues, la expropiación petrolera resultó consecuencia, pero también coronación de toda una gestión de gobierno.

Creo que fue el ingeniero Barros Sierra, otro gran mexicano, quien dijo que el general Cárdenas no solo nacionalizó el petróleo, sino que también nacionalizó la tecnología al poner en manos de ingenieros mexicanos la ejecución de las grandes obras de infraestructura, en lugar de llamar para ello a compañías extranjeras. Después de construir “con las uñas” decenas de presas, puentes y caminos quedaba en nuestra patria un conocimiento técnico que después circulaba por nuestros centros de estudios reproduciéndose y ampliándose. Todo ello fue parte de otra característica personal de don Lázaro: él tuvo siempre fe en todos los mexicanos; por eso los mexicanos tuvieron fe en él.

En el orden de ideas anterior también podríamos plantear la idea de que Cárdenas no sólo repartió la tierra, sino que también repartió los caminos. Muchos criticaban hace décadas el que las carreteras mexicanas dieran muchas vueltas para pasar por todos los pueblitos. Ciertamente era molesto para los paseantes, pero millones de mexicanos humildes veían crecer, como nunca se habían imaginado, la facilidad para desplazarse junto con sus mercancías, pues un camino pavimentado facilita desde el movimiento del burro y de la bicicleta, hasta el del camión de carga y el del autobús.

¿Dónde quedó ése México? ¿Dónde habrá un grupo de mexicanos semejante a los que acompañaron a Juárez y a Cárdenas? No lo veo, pero en otras ocasiones han entrado en escena repentinamente y desde el casi anonimato… justo cuando las tinieblas eran más densas.

redaccion@mirada-regional.com
 
 
 
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