Durante los últimos días se escucharon opiniones en todos sentidos acerca de la conveniencia o no de continuar usando bolsas de plástico como empaque de mercancía. Se hizo énfasis en los altos índices de contaminación que generan, la gran cantidad de recursos que se emplean para su producción, y por ser una de las causas de obstrucción en los drenajes que provocan las inundaciones.
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La entrada en vigor de la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, que prohíbe a los establecimientos mercantiles regalar bolsas de plástico, intenta ser el modelo a seguir en otras entidades.
La ley determina que se castigará a quien no cumpla, con arresto inconmutable de treinta y ocho horas y multas que van de mil a veinte mil días de salario mínimo vigente en el Distrito Federal. Sin embargo, en su artículo Segundo Transitorio se establece que las sanciones serán aplicables a los doce meses de su entrada en vigor. |
Inimaginable la vida moderna sin el plástico |
Otro señalamiento es que se debe evitar el uso de materiales no biodegradables para el traslado, contención y envasado de materiales y manejo de basura.
Al susto inicial siguió la inmediata salida ante lo confuso de la ley. Absurdo resulta imaginar al amplio segmento de la economía informal: ambulantes, tianguistas, puestos callejeros, además de los pequeños comercios y todo aquel que esté fuera del respaldo de una firma comercial, cumpliendo un arresto y pagando una multa.
Todos, grandes y pequeños comercios ahora comunican que el costo de la bolsa está considerado en el de la mercancía, por lo cual no es un regalo ni infringen ley alguna.
Para mayor confusión, las propias autoridades ambientales capitalinas señalan que la sanción se basará únicamente en la denuncia ciudadana, y que, a partir de ahí, se generará una orden de visita para llevar a cabo el procedimiento administrativo contra el establecimiento que regale bolsas de plástico.
Sabemos de las carencias en educación y conciencia ambiental de la población, por ello, urge motivar el aprovechamiento de recursos, las ventajas del reciclaje y todo lo que contribuya al bienestar de la sociedad.
La reducción en el uso de bolsas plásticas entre los más de veinte millones de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México tendría un impacto positivo para el medio ambiente. Uno de los beneficios sería la reducción en la generación de gas metano de las bolsas con basura, que es más perjudicial para la atmósfera que el CO2. Pero la medida poco ayudaría al ambiente.
Los políticos gustan de promover su imagen y creen que la prohibición es el mejor camino. Con urgir el cambio a bolsas biodegradables intentan rodearse de una imagen ecologista, que disimule su opaco desempeño camaral y así sumarse al selecto grupo de las buenas conciencias.
Las bolsas de plástico de las tiendas representan menos del uno por ciento del total de la basura que se genera. Sin minimizar el problema, y en caso de lograr el uso de materiales biodegradables, surgirían otros.
Sustituir plásticos por otros productos puede resultar más contaminante y caro: por ejemplo, el uso del vidrio, por la alta emisión de gases, desperdicio de agua y costo de transportación; usar bolsas de papel en vez de las de plástico, implica un alto consumo de agua y tala de árboles.
Al agregar aceleradores a la descomposición del plástico, se forman partículas que permanecen en el ambiente. Técnicamente, dicen los expertos, las partículas de los productos plásticos no pueden ser biodegradables, son oxodegradables.
En el tema de los productos biodegradables, todavía no hay un acuerdo acerca de los que sí cubren el perfil. Algunos productos son anunciados como tales sin serlo, cualquier bolsa de plástico puede tener impreso que es biodegradable. En las últimas campañas políticas se pregonó el uso de materiales biodegradables, pero a la fecha no hay la certeza de que así haya ocurrido.
La bolsa de plástico no necesita una apología, pero revolucionó la industria del empaque porque con un promedio de seis gramos de peso se pueden cargar hasta diez kilos o más. El ingenio humano le ha encontrado múltiples usos, pero hace falta aprender a desecharla sin que contamine al término de su vida útil.
Se calcula que el uso anual de bolsas plásticas por persona en España es de doscientas treinta y ocho; en México ciento cincuenta y en Alemania sesenta y cinco.
En Alemania a partir de la crisis del petróleo de 1973, los comercios cobran por cada bolsa. Para los alemanes, con todos sus adelantos ambientales, la bolsa de plástico no es tema y dejan al comercio decidir acerca de su tamaño, material y costo. Las razones son dos: el sistema de reciclaje que abarca el país por completo, quedando los materiales en el ciclo de reaprovechamiento, y la cultura y conciencia ambiental de la población.
El plástico es parte de nuestra vida diaria, no podemos imaginarnos sin él en la vida moderna y su uso está vinculado prácticamente a todo: automóviles, ropa, muebles, casas.
La forma: tomar lo bueno de prácticas ambientales probadas y exitosas.
El fondo: no se gobierna con ocurrencias a un pueblo deseoso de progresar. Y no lo olvidemos: TODOS SOMOS NATURALEZA.
*ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C. |