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TOROS

Novillada sin trofeos en la Plaza México

Por: El Niño del coso
 
Fotos: Víctor Esparza y Alberto Raúl Macías

México, D. F., a 22 de agosto de 2010.- Al término de la larguísima jornada taurina de este domingo en la Plaza México, se repitió el sabroso ritual del saludo entre todos los que somos o nos vamos haciendo familia o casi familia. El saludo, el abrazo, la charla, aderezados por la infaltable foto con los toreros o, en ocasiones, con los familiares de los toreros.

Cerqueira
Cerqueira se fue en blanco. Foto: Víctor Esparza.

Casi cuatro horas duró el larguísimo festejo novilleril en el que nos tocó ver detalles muy toreros, escenas muy chuscas y la historia, casi nunca contada por infrecuente, de que un novillo debiera ser devuelto después de la pica.

Michelito

Michelito corre la mano. Foto: Víctor Esparza.

El cartel debió ser compuesto desde su base, el elemento taurino, por la complicada semana que le aconteció a la ganadería del licenciado Juan Huerta Ortega: el sacrificio de un novillo y la inutilización de otros dos en las maniobras del embarque, obligaron a completar el encierro con tres ejemplares de la ganadería de San Martín.

Lupita López.

El donaire de Lupita López. Foto: Víctor Esparza.

Michelito

Niño, háblale a tu papá. Foto: Víctor Esparza.

Los malos hados que acompañan a la fiesta brava en la capital de la república han conformado un cuadro de muchísima complicación. Esto, desde luego, no es reciente; nuestro descuadrado horizonte taurino es ya de larga data. Y esta tarde los malos espíritus materializaron una maniobra largamente urdida: si a los novilleros o toreros se les da muy poco toro, resulta explicable que sus adelantos los dilapiden en el deprimente callejón de la inactividad. Y así, cuando regresan al toro, pasados muchos meses o hasta un año, lo aprendido ya no se nota. Dirían los futboleros que lucen desencanchados.
Y exactamente eso es lo que le sucede a la muy valiente y pundonorosa novillera yucateca Lupita López, quien lleva ya muchos meses sin torear. A la morena le ha costado un gran trabajo estar frente a los cornúpetas, no por miedo, sino porque los empresarios mexicanos de manera absurda e injusta no tradujeron en contratos su brillante actuación de la temporada chica anterior. Parece una taradez insistir en lo obvio: los toreros se hacen toreando.

Lupita López

¡Olé de tu gracia, morena clara! Foto: Víctor Esparza.

Lupita López
Lupita hace la cruz. Foto: Alberto Raúl Macías.

Por lo que hace al ganado procedente de tres diversas ganaderías, vale la pena comentar que los de San Martín fueron bonitos de pinta, pero más bien justos de presencia. En el caso de los de Juan Huerta, en ocasión de la presentación de la ganadería, insistimos, que la ganadería ubicada en Tlaxcala corrió con una semana de mala suerte, pues además del accidente en el embarque el ganadero debió pasar el trago amargo de que el novillo con más cuajo y cabeza se rompiera una pata, lo cual obligó al juez a ordenar la devolución del hermoso ejemplar. Sin embargo, los novillos de Juan Huerta no dejaron mala impresión, pues el primero embistió con calidad y el que se inutilizó mostró nervio y bravura durante el primer tercio. El otro novillo, lidiado en cuarto lugar, hizo cosas de manso. Sin embargo, el saldo de la presentación de esta ganadería fue interesante.
Y del novillo enviado por la ganadería de Villa Carmela, lo único que se puede decir es que se pegó a tablas desde el principio y que tuvo la movilidad de un cocodrilo reumático. En pocas palabras, manso de solemnidad.

Percherones

Los percherones se divirtieron. Foto: Víctor Esparza.

Los novilleros

Lupita López lució insegura es un primer turno y concluyó con silencio. En su segundo turno, el novillo Mendocino, que parecía toro (y de los muy cornalones), fue castigado severamente por los picadores entre los chillidos del villamelonaje, para inmediatamente después romperse una pata al empezar el segundo tercio. Se esperaba que hubiera fiesta. Aunque Lupita se veía muy insegura, entre los aficionados se oyó el comentario de que el morito se encargaría de complacer a los entendidos. Pero fue apuntillado en el ruedo y sustituido por un sobrero de San Martín que fue noblote y no le exigió tanto a Lupita como ya lo había hecho el de Juan Huerta.

Pepe Chafic y Juan Huerta.

Los ganaderos Pepe Chafic y Juan Huerta. Foto: Mirada Regional.

Michelito Lagravere le corrió la mano de manera agradable al segundo de sus enemigos y anduvo mal con la espada en sus dos compromisos. El público lo llamó el tercio para premiar su esfuerzo, lo cual bastó para que Michelito mostrara su aprendizaje en materia de mañas, pues se lanzó a dar la vuelta al ruedo por sus puras pistolas.

El rejoneador

El rejoneador, sólo para la foto. Foto: Alberto Raúl Macías

El francés Tomás Cerqueira tuvo actuación más bien discreta, pues fue molestado por el aire y por sus propias ganas muy medidas. Dio algunos buenos lances de capa en su segunda intervención, y ahí acabó la historia.

Ensueño
A la plaza de toros, la gente va a emocionarse... y también a curarse el insomnio.
Foto: Víctor Esparza.

Tarde sin trofeos, con detalles para la chufla (como la reiterada rebelión de los percherones, que trajeron como chícharo en caja grande a los monosabios) y una actuación soporífera, de más de 40 minutos, a cargo del aspirante a caballero en plaza Emiliano Gamero, quien lució muy verde, alternando muchas fallas y unos pocos aciertos.
Casi da pena decir que con la asistencia de unos 3000 aficionados, la entrada a la Plaza México mejoró.

redaccion@mirada-regional.com
 
 

 
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