En el museo taurino de la Asociación de Matadores se dio la première de la película "Carmelo, Silverio y Nacho", sobre la dinastía taurina de los Pérez, originaria del pueblo texcocano de Pentecostés.
La estirpe de los hermanos Pérez Gutiérrez es ampliamente identificada con el nombre de su iniciador Carmelo (en realidad, Armando) y el de su continuador y máximo exponente, Silverio, El Faraón de Texcoco. De menor resonancia fue el benjamín, Ignacio.
El film, obra del cineasta mexicano Salvador Díaz Sánchez, hace una amplia y bien documentada introducción sobre la fascinación que el toro ha ejercido en diversas sociedades y el fenómeno cultural de la españolísima fiesta brava, su inserción en la Nueva España y su intensa presencia en el México de la primera mitad del siglo XX. En este último contexto, la narración se va personalizando, pues toca de manera directa a la familia Pérez Gutiérrez, campesina, pobre, y tocada por la muerte prematura de 8 de los 11 hijos y los padres. Armando, Silverio e Ignacio fueron los tres sobrevivientes, siendo el primero de ellos el único del que la dolorida madre, doña Asunción, llegó a saber que era torero.
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Carmelo y Silverio merecieron capítulos especiales. Sus actuaciones y los ecos de sus leyendas son presentados a través de viejas películas, fotografías y testimonios, todos enlazados por una mirada cargada de respeto y admiración. La valentía sin límites del artista que muere muy joven, y la grandeza taurina del diestro consagrado por las multitudes y el canto de Agustín Lara, son descritos con lenguaje cuidadoso, de resonancias poéticas.
Y entre capítulo y capítulo, el cineasta hace aparecer al |
Mariano Ramos y su señora esposa. |
tercer torero de Pentecostés, Ignacio Pérez, ya anciano, pero recordando con profunda emoción y asombrosa modestia la vida familiar, su paso por los ruedos como destacado novillero y la ilusión perdida de torear en España. Participan también su esposa doña Teresa Galicia y su hijo Alberto.
De su desempeño novilleril da razón su propio hijo, quien orgulloso muestra recortes periodísticos de los años 40’s, entre ellos la enorme distinción de una portada en el diario deportivo ESTO.
La narración, hecha con excelente voz y sabroso acento, crea una atmósfera emocional que va in crescendo, y que convierte al menor de los Pérez Gutiérrez en el personaje central. O, mejor dicho, en uno de los personajes principales. El otro protagonista es el pueblo de Pentecostés.
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Lic. Adolfo Lugo Verduzco |
El crítico taurino Heriberto Murrieta |
El realizador, con intencionalidad plenamente asumida, se sale de lo que dicta la mercadotecnia o el espíritu inmediatista del periodismo taurino, surcado por las historias de los hijos predilectos de la diosa Fortuna, para dirigir su vista y la de los espectadores hacia el hombre que no alcanzó el fulgor del “éxito”, los grandes logros económicos, ni una presencia importante en los medios de comunicación.
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Nuestra correctora, Margarita Aguilar, y la profesora Míriam Membrillo. |
La idea que gobierna la película es de corte humanista, pues pone en don Ignacio Pérez y su circunstancia (sus recuerdos, su familia y su pueblo) la importancia que tiene cada persona. Y en el último tercio del relato se tocan temas espinosos y entrañables, sin caer en la comodidad de la justificación o el reparto de culpas. A estas alturas, uno siente que ya estima a don Nacho, a sus cuates y a su entorno orgullosamente pueblerino y, por lo tanto, universal.
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Y nos queda la sensación de que Nacho Pérez, el gran novillero, tal vez fue injustamente pospuesto por su hermano Silverio. Pero, para no desentonar con la sinceridad que se palpa en la visión del propio Nacho, vale la pena recordar que él mismo menciona que Silverio fue para él padre y madre y que le fue abriendo paso en el mundo del toro al imponerlo en los carteles. Vaya, pues: que fue generoso.
Y en busca del difícil equilibrio, es menester coincidir con la observación que el ganadero de Huichapan, Adolfo Lugo Verduzco, le hizo al cineasta al término de la exhibición: supongamos que Silverio le pidió a Nacho que no fuera a España, de acuerdo. Pero, si así fue, no dejemos de ver que la decisión final la tomó Nacho.
La obra causó emoción y polémica entre los asistentes, todos conocedores, todos gente del toro, que aplaudieron al concluir. |
El periodista José Mata |
Recomendamos a ustedes, estimados taurinos, que la disfruten el próximo 5 de noviembre, a las 18:00 horas, en el auditorio Emiliano Zapata de la Universidad Autónoma Chapingo, a 20 metros de la entrada.
Entrevista a Salvador Díaz
Mirada Regional.-La historia de esta película, vista desde la mercadotecnia o por quien busca los episodios más brillantes, resultaría anticlimática.
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Salvador Díaz.- Más que anticlimática, es polémica. Presenta conflictos interiores dramáticos, conducidos por la metáfora, que me permite narrar la historia de la familia Pérez Gutiérrez. Ellos no fueron emigrantes, sino migrantes, que van y vienen, que nunca dejaron su pueblo. Su historia trágica surge de las cenizas, impulsada primero por un loco de Pentecostés, Armando Pérez, que se haría llamar Carmelo.
M.R.- Digo anticlimático en el sentido de que muchos periodistas buscan siempre al triunfador. Tu película alcanza momentos de intensidad compartidos por quienes la hemos visto: don Nacho se muestra contenidamente triste, combinando los recuerdos con la alegría. |
El cineasta Salvador Díaz |
Y es admirable que haya tenido la elegancia de no repartir culpas.
S.D.- Vale la pena recordar lo dicho por José Martí y que lo repite Fidel Castro en una película que se llama Comandante: "toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Es eso: la grandeza de la cotidianidad, del anonimato, la de toda esta gente sencilla que optó por ser de la base, por ser otro más. Pienso que fue tanta su frustración por no ir a España, que optó por retirarse del toro; creo que no estaba en el cálculo de Silverio que Nacho se retirara.
M.R.- En la película son constantes las alusiones a Pentecostés, el lugar de origen de esta dinastía torera y de tu propia familia. La identificación con el terruño es importante en tu narración. Y la forma en que abordas la historia de Nacho Pérez tiene un aliento reivindicador.
S.D.- Sí, claro, porque la tierra te marca, te alimenta con los "buenos días", las "buenas tardes" y otras cosas que no se tienen en las ciudades. Mañana y tarde yo iba a dejar leche a la granja de Silverio Pérez. Ahí me tocó ver a Jacobo Zabludovsky, a José Pagés Llergo y al caricaturista Carreño. Los periódicos hablaban del “rancho de Texcoco”, del “Faraón de Texcoco” o del “torero de Texcoco”, pero no del pueblo de Pentecostés. Y tampoco se mencionaba a mi padrino don Nacho Pérez. Yo le dije a mi padrino: le voy a hacer una película muy chingona.
Pero desde luego la referencia fundamental, es la tierra, ese ombligo divino, donde nos tocó nacer.
M.R.- Finalmente, con esta historia “hiciste justicia”. No como juez, sino desde una mirada solidaria, que se desparrama, no desde las alturas sino desde el llano.
S.D..- Si uno equilibra, se está haciendo justicia. Y no se trata de denostar a Silverio. Nadie discute su grandeza. Creo que esta historia simplemente lo hace más humano.
Entrevistas a invitados
Mirada Regional preguntó a algunos de los distinguidos asistentes a esta premiere sobre la impresión que les causó la película. Estas fueron sus respuestas.
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Alberto Pérez Galicia y su esposa Maru Lagunes: el orgullo de pertenecer a la dinastía torera. |
Mariano Ramos
Es algo inédito y de gran interés. Yo lo supe a través de nuestro dirigente de la Unión de Matadores, Antonio Urrutia, y estoy aquí porque me han dicho que es algo extraordinario.
Adolfo Lugo Verduzco
La película me ha emocionado. Es la historia de un hombre que trata de ser matador de toros sin conseguirlo, como muchos más. Es un gran artista el director de este documental. Soy admirador de Silverio Pérez y tengo el orgullo de haber sido su amigo. A su hermano Nacho apenas le recuerdo como novillero. Pero se ve que tuvo excelentes condiciones de torero.
Alberto Pérez Galicia
Quiero expresar mi agradecimiento al cineasta, licenciado Salvador Díaz Sánchez. La película es sensacional, jamás la imaginamos los hijos de don Ignacio Pérez, mi madre… Esta première, este lugar y nuestra emoción es algo inenarrable. Es un gran orgullo pertenecer a esta dinastía torera.
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Dr. Saúl Rivera, alguacilillo de la Plaza México. |
Nuestro colega Emilio Méndez |
Dr. Saúl Rivera
Es un documento excelente. Muchos ignorábamos de la de la existencia de don Nacho Pérez.
Lo que vimos es muy valioso. Aunque no haya un video, las imágenes fijas nos permiten apreciar que Nacho Pérez tenía un temple, un poder y un arte innegables. Con permiso de los silveristas, Ignacio Pérez me parece superior a Silverio, que fue inmortalizado gracias al pasodoble de Agustín Lara.
Y en los muletazos que a sus 85 años daba don Nacho, utilizando su bastón como estoque, demuestra que nunca perdió el temple, que conservó una gran personalidad.
No es imposible que Silverio le haya pedido: "tápate".
Antonio Urrutia
Es un documento muy humano, muy emocionante, que nos muestra la manera en que se entrelazan las tres historias de los Pérez de Pentecostés. Y no le resta absolutamente nada a la grandeza que tuvieron Carmelo y Silverio. |