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TOROS
Tarde de peligro y emociones en la Plaza México
Por: El Niño del Coso  
Fotos: Víctor Esparza


Gran expectación causó el cartel para la segunda corrida de la temporada grande. Se antojaba una tarde de grandes triunfos, habida cuenta de la calidad de los alternantes y del prestigio de la ganadería queretana de Barralva, que trajo a la Plaza México una corrida del encaste Saltillo. Pero se convirtió en una tarde de poco peso, escasa de premios, aunque no de emociones. Más precisamente, fue una tarde para aficionados. La asistencia fue de menos de media plaza.

Fernando Ochoa

El michoacano lució terno negro bordado en oro, con remates en blanco. Lamentablemente, la suerte no lo acompañó, sobre todo a la hora de matar. Y aunque hizo el esfuerzo por agradar al respetable, no logró conmover a los tendidos.

El primero de la tarde, “Cronista”, movió muy bien sus 454 kilogramos y colaboró a una serie de bellas verónicas rematadas soltando una punta del capote. Fero  llevó al toro a la pica con chicuelitas andantes. Los banderilleros estuvieron impresentables.

Fero
Fero lo intentó, pero no hubo suerte.

El toro embistió muy bien por el lado derecho, fue un animal noble y que iba con alegría a la muleta, hasta planeando. Ochoa le arrancó una bella tanda de naturales, luciendo un toreo dominador y muy sobrio, entre gritos de dos o tres reventadores.

A Fernando le sigue fallando la espada y eso le hizo perder la oreja. Cronista  recibió el premio del arrastre lento entre aplausos.

El segundo del lote de Fernando se vio disminuido tras clavar la cuerna en el albero. Ochoa le sacó buenos pases, aunque sin ligar. La ocasión no pudo salir del frío que lamentablemente acompaña a Fernando, quien hace el esfuerzo sin que la suerte le acompañe. Estocada impecable que bien hubiera merecido la oreja. Las opiniones se dividieron.

Toros
Toros con presencia

Miguel Angel Perera

El torero pacense, enfundado en terno verde botella y oro con remates en blanco, actuó con gran presencia y sobriedad. Al quitar por chicuelinas y tafayeras recibió un achuchón que no pasó a mayores. Tras dos pares de banderillas clavados en los costillares, brindó al público.

Arrancó la labor muleteril con estatuarios de gran belleza. El toro embestía por el lado derecho de manera un tanto descompuesta, punteando y volviéndose en corto sobre las manitas. Por el lado izquierdo, lo mete a la muleta, y con gran aguante le saca una tanda de más de cinco pases a un animal que voltea a verlo en cada lance. Lo reintenta por el lado derecho, toreando en redondo. Fue una faena riñonuda. Pincha hondo dos veces y descabella al primer intento.

Su segundo enemigo fue soso desde el capote y huyendo de la pica fue a dar con el otro varilarguero, que ante la manifiesta mansedumbre hubo de castigarlo tapándole la salida. No olvidemos que la carioca  es un recurso para picar al manso. Por eso no le silbaron ni los  sensiblotes. En banderillas el toro confirmó que era manso perdido, pues sólo se defendió totalmente parado, esperando al rehiletero, cazándolo. A esto agréguele que los banderilleros anduvieron de lo más erráticos. Y en esas nos tocó ver algo inusual: que el juez Roberto Andrade hiciera sentir la autoridad de manera correcta al ordenar el cambio de turno del banderillero Sánchez Torreblanca, quien pasó en falso por segunda ocasión.

El extremeño le arrancó los pases muy a fuerza, metiéndose literalmente entre los cuernos, batiendo la muleta tras de sí, echando el cuerpo por delante para encelarlo con gran valentía. Al igual que pujaron los banderilleros, Perera pasó el momento difícil para despachar a aquel marrajo, que gazapeaba y se desplazaba terciando la postura. Tras dos pinchazos y un aviso, el diestro lo pasaportó como se pudo, la cual provocó abundante hemorragia. Aplausos.

Banderilleros
Los banderilleros sudaron la gota gorda.

Al toro de regalo, Perera lo recibió con verónicas que fueron jaleadas por el respetable. Tras tres tafayeras de gran suavidad, acariciantes, lentas, se echó el capote a la espalda para hacer gaoneras muy ceñidas, fundiéndose con el astado.

Inició su labor muleteril poniendo al público al borde de los asientos con un péndulo de enorme compromiso, trazado en una distancia muy corta. Al regreso del toro, le ligó un precioso estatuario, al que le siguieron pases en redondo de gran temple. Y toda la faena realizada ante un toro que iba gritando las cornadas.

Perera se olvidó del cuerpo y le ofreció a los aficionados un trasteo de los que no encuentran freno en los toros peligrosos y que, por encima de ellos y gracias a ellos, confirman que la fiesta brava es la apasionada entrega de la que habló el maestro Pepe Alameda. La estocada defectuosa pero eficaz no alcanzó a oscurecer el hecho de que Miguel Ángel Perera es un torerazo.

Achuchón
El achuchón

José Mauricio

Con terno vino y oro, recibió al primero de su lote, Ramoncín,  con verónicas y media en el remate. La pica fue traserilla y breve. Ya con la muleta, lo recibió en plan mandón, aguantando ante un cornúpeta que lo veía y lo veía. El capitalino lo toreó con valor sereno, sin sudar ni hacer aspavientos. Probablemente estemos ante la transición de José Mauricio hacia la calidad de torero poderoso, que le puede a los toros difíciles y a los otros. Faena con sabor de lidia a lo antiguo.

Mató de soberbio estoconazo y le fue concedida una oreja, extrañamente protestada por un sector del público. El diestro la tiró con alguna molestia y dio merecida vuelta al ruedo.

José Mauricio
La valentía de José Mauricio

En su segundo enemigo, único del encaste parladé en la corrida, el capitalino tuvo que tragarle a un bicho que desde los primeros lances se fue al bulto, probablemente ya toreado.

Clavó un cuerno en la arena sin alcanzar a dar la marometa. Embistió con la cabeza alta desde el inicio de la faena y mostró mucho sentido en todo momento.
En esta ocasión la ganadería de Barralva quedó a deber
.

José Mauricio
  Estoconazo del capitalino

El Juez de plaza Roberto Andrade, asesorado por Jesús Morales, mostró la autoridad con energía y prudencia.

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