Nacido en Asturias, España, el 19 de junio de 1924, el periodista, escritor, gastrónomo y servidor público, Paco Ignacio Taibo I, falleció en la Ciudad de México a los 84 años, a causa de una neumonía, este 13 de noviembre.
Su nombre completo fue Francisco Ignacio Taibo Lavilla González Nava Suárez Vich Manjón. Desde 1959 se exilió en México, en compañía de su esposa, Maricarmen Mahojo de Taibo y su hijo mayor, Paco Ignacio Taibo II. Desde entonces fue una figura importante en el ámbito del periodismo cultural y la escena tanto cinematográfica como teatral. Escribió más de cincuenta libros.
En palabras de su hijo, el también escritor Paco Ignacio Taibo II: “vivió de manera intensa, apasionada, generosa, honesta, congruente y con un sentido del humor muy potente. No consideraba al periodismo un negocio sino una misión, [dar] voz a quienes no la tienen. Siempre enseñó las artes de resistir”.
Otro de sus hijos, el poeta Benito Taibo describió el gusto por la vida que tenía el escritor: “Papá siempre pensó que este era un mundo maravilloso, a pesar de algunos de los habitantes del mismo”.
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El 15 de mayo de 2008, en el Palacio de las Bellas Artes, recibió el Premio Nacional de Periodismo.
Fue un ser humano muy completo, universal: periodista por convicción, viajero, poseedor de una amplia cultura y capaz de integrarse humildemente con el medio social en que tuviera que desempeñarse, al modo del polaco Riszard Kapuzcinsky. Consideraba al periodismo una mezcla de técnica y oficio con llama sagrada y aconsejaba: “trinchera que agarres, úsala”. |
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Su verticalidad periodística lo llevó a tener problemas con Emilio Azcárraga Milmo. Y con la misma línea de conducta se desempeñó como servidor público, cuando dirigió los noticiarios del Canal 13, en los tiempos en que esa televisora era propiedad del estado mexicano.
Su incursión en el mundo de la gastronomía lo llevó a escribir sobre la cocina de los dos países a los que más amó: España y México. Así dio a la imprenta sus obras Breviario de la fabada y Breviario del mole poblano, plato que lo deleitaba y al que así rindió culto. Escribió en la sección cultural de El Universal su columna La caldera insaciable, donde publicaba las recetas que fue encontrando en sus visitas a los pueblos y restaurantes de México y del mundo.
Deja una novela inconclusa que Benito y Paco II revisarán para publicarla.
Su cuerpo fue velado en su domicilio de la colonia Condesa, cubierto su ataúd con un sarape. |