México, D.F., a 3 de marzo de 2009.- Luego del escándalo que suscitado a raíz de que se dieran a conocer grabaciones en donde Luis Téllez Kuenzler hablaba de que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari se robó la mitad de la partida secreta (fondos ejercidos por los presidentes de la República con garantía legal de no ser fiscalizados), presentó su renuncia a la Secretaría de Comunicaciones y Tranportes del gobierno calderonista.
El origen de la primera grabación fue una dama indudablemente dolida con el hoy ex secretario, por situaciones estrictamente personales que no deben ser tocadas por quienes nos dedicamos al periodismo. ¡Qué historias tan elementales! Y sin embargo abundantes en todo el mundo. El poderoso ensoberbecido que pierde de vista que la única forma posible de ganar una pelea con una mujer enojada es corriendo y sin tener la cola larga.
Hace apenas unos días, el 23 de febrero pasado Luis Téllez, señaló en tono implorante que estaba siendo víctima de espionaje y extorsión, afirmó que la ley está siendo violentada por intereses cobardes que confían en la impunidad, y advirtió que el Estado mexicano y sus instituciones no pueden aceptar el chantaje ni la extorsión como criterios para la toma de decisiones.
El día de hoy, el presidente Felipe Calderón formalizó públicamente la sustitución de Téllez, aceptando su renuncia, al tiempo que dio a conocer que el sustituto es Juan Molinar Horcasitas, hasta la víspera director del Instituto Mexicano del Seguro Social. Ocupará esta vacante Daniel Karam Toumeh.
El par de semanas transcurrido entre el escándalo por la divulgación de las grabaciones y la salida de Téllez es muestra de una vieja tradición en la política mexicana: la de aferrarse a los cargos a pesar de lo que sea, pues se prefiere estar en la nómina con escándalo que una vida normalmente discreta o lejos del poder. El lema aplicable a esta costumbre de los políticos mexicanos es: Si me corren, renuncio.
Se fue Téllez. Era mucha su desvergüenza. Nadie lo extrañará. |