El 25 de marzo, un grupo de amigos nos encontrábamos reunidos en una casa de la calle de Aldama con motivo de la tradicional cena del Club Social y Deportivo Texcoco. Todas las cenas son deliciosas.
Son muchos los texcocanos que desde hace más de 50 años han dado vida a esa expresión social. Entre los ya fallecidos recordamos al estimado Gil Fernández Torres, empresario y deportista; don Manuel López Espinosa, quien fuera propietario de la popular miscelánea “El Mercadito”; el ingeniero Ángel Guerrero Carrillo y muchos más. Entre los que tenemos la fortuna de poder seguir saludando está el muy estimado don Héctor Olvera Ibarra y don Mauricio Enríquez, quienes ya no asisten a las cenas pero siguen siendo presencias de mucho afecto. No faltan a las cenas el también muy estimado don Alejandro Becerril y los hermanos Bezié. Otros continúan la presencia de sus señores padres ya finados, como Fabián Sigfrido Mora Mendoza y el doctor Alejandro Perdigón Vargas, hijos de los también muy queridos don Sigfrido Chipilo Mora y don Enrique Perdigón.
El Deportivo, como brevemente se le llamaba, tuvo gran presencia en los años 60 y 70 del siglo pasado, y aún antes: organizaba los famosos bailes Blanco y Negro. Hoy, el número de asistentes a las cenas de los jueves se ha reducido, pero la tradición continúa.
Regresando al inicio de esta nota, es necesario mencionar que desde la casa que ocupa esta agrupación en un segundo nivel, nos percatamos de que una patrulla de la policía estatal circulaba en sentido contrario (de oriente a poniente) y a vuelta de rueda sobre la calle de Aldama. Otra patrulla llegó y ambas se detuvieron frente a la casa de los señores Mir.
Uno de los asistentes a la cena, el licenciado Daniel Velázquez Martínez miró por la ventana y nos dijo a los presentes “creo que el asunto es conmigo”, pues los agentes de la Policía de Tránsito Estatal miraban al interior de una camioneta marca Nissan tipo X-Trail. El Lic. Velázquez bajó a ver de qué se trataba, acción a la que nos sumamos varios de los presentes. En mi caso personal, la maniobra de descenso fue algo más tardada, pues mi convalecencia de un accidente automovilístico me impone aún el uso del bastón.
El lic. Velázquez informó a los policías que era él quien conducía el vehículo, y uno de los uniformados, de apellido Juárez (quien al parecer era el mando), le expresó que la camioneta estaba reportada como robada. Para ese momento, me incorporé al diálogo y le advertí que si se trataba de un intento de extorsión lo haríamos público y lo denunciaríamos legalmente. Al señor Juárez le molestó mi intervención y me respondió: Sí nos conocemos. Creo que usted intentó ser presidente municipal…Tras ese comentario los demás gendarmes soltaron una carcajada, mientras el policía Juárez nos invitaba a constatar que en la pantalla de la computadora de su patrulla aparecía el dato de que la camioneta era robada.
Tras comprobarlo, el nivel de la discusión subió. El licenciado Velázquez les explicó que la camioneta es propiedad de la empresa Nissan Texcoco y les mostró la escritura notarial en que consta que es su apoderado legal hace ya más de cuatro años. Como el policía Juárez insistía en que ahí estaba el dato en la computadora de la patrulla, tuvimos que explicarle que si el propio abogado Velázquez no había presentado la denuncia de robo, entonces no la había presentado nadie y que, necesariamente, se trataba de un dato inventado. Le preguntamos además quién era la parte denunciante, para lo que no tuvo respuesta.
El policía estatal nos preguntó si en la casa en que estábamos había el servicio de Internet, para poder consultar el dato. La respuesta fue negativa, pero yo le ofrecí consultarlo en mi domicilio, a escasas tres cuadras del lugar, cosa que no aceptó. Se retiró diciendo que iba a las oficinas de la Policía Estatal para verificar el asunto y anunció que regresaría.
Desde esa fecha, no hemos vuelto a saber de él, ni tampoco la Agencia de Seguridad Estatal ha requerido dato alguno a la empresa Nissan Texcoco, lugar en el que diariamente están localizables tanto el vehículo como el apoderado legal de la empresa.
Uno se pregunta qué habría pasado si esto le sucediera a un particular que desconociera de cuestiones legales. También cabe reflexionar, sin necesariamente culpar al policía Juárez por la inclusión del falso reporte en la computadora de su patrulla, si no actuó de manera ilegal, pues debió trasladar el vehículo supuestamente robado al corralón, detener al conductor y detenerme a mí por oponerme a la realización de su trabajo.
En Texcoco, siempre, la policía estatal (particularmente la de Tránsito) fue y sigue siendo sinónimo de arbitrariedad y abuso. El desastre vial que los texcocanos vivimos cada día, tiene por mudos testigos a los agentes de tránsito que no molestan a los señores del transporte ni aunque suban o bajen pasajeros en las bocacalles. Es inconstitucional que el gobierno del estado siga manejando la policía de tránsito: el artículo 115 de la Carta Magna reserva esa función a los gobiernos municipales. No olvidemos que no hace más de tres meses el Senado de la República hizo un exhorto al gobierno del estado por las quejas de los transportistas respecto de la conducta de la policía de tránsito del estado de México.
¿Para eso le ponen computadora a las patrullas? ¿Para eso quiere el gobernador Peña Nieto desaparecer las policías municipales y que quede una sola policía bajo su mando en todo el estado? ¿Así piensa Peña Nieto gobernar al país?
Como para ponerse a temblar.
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