Toros de las ganaderías de Garfias y de San Isidro. En general, sosos y difíciles, con excepción del tercero de la tarde, de la vacada aguascalentense.
En la sexta corrida de la temporada la suerte quiso que el péndulo viajara hacia el lado contrario y el triunfador de la tarde ya no fuera un mexicano, sino un español.
Fermín Spínola, Arturo Macías y Octavio García “El Payo” le habían puesto el cascabel al gato al írsele por delante a figuras ibéricas de la talla de Enrique Ponce, José Tomás y Cayetano Rivera Ordóñez.
Pero hoy la suerte y el oficio taurino hicieron la deseada mancuerna en la persona del gran torero granadino David Fandila “El Fandi”. El siempre pundonoroso Rafael Ortega debió enfrentar animales difíciles y con peligro. Manolo Martínez Ybargüengoitia corrió con lo peor de la tarde y debió aguantar injusta presión por parte de algunos sectores del público.
El Fandi
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El Fandi, en viaje de regreso a la arena; el toro, nomás mirando. |
Tercer espada del cartel, el de Granada, que vistió en grana y oro, fue tocado por la suerte a la hora del sorteo. Con mucho, el mejor toro de toda la parchada corrida fue el tercero de la tarde, Guadalupano, de San Isidro. El Fandi lo recibió con suavísimos lances de capa, ejecutados con parsimonia y sentimiento. Llevó al astado al caballo con chicuelinas andantes, cuidando al toro y siendo eficiente en la lidia. El segundo tercio fue, como lo acostumbra el diestro, muy lucido y ovacionado.
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El Fandi jugó con el cornúpeta. |
Su trasteo muleteril fue emocionante, con una tanda de derechazos muy suaves, a los que dio fin con un pase de pecho largo, despacioso. Aun con el toro menguante El Fandi hizo que fluyeran las embestidas, haciendo una faena cuidadosa con pases naturales bellamente ejecutados. Tras lograr una dosantina y su contrapunto inmediato: un largo pase en redondo, Fandila logró excelente estocada. El Juez Miguel Ángel Cardona, para no variar, fue cicatero con los premios y resultó abroncado. Sólo concedió una oreja, cuando hubiera sido más que justo otorgar dos apéndices. Y en la calidad del toro ni se fijó.
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El torero granadino recibió el reconocimiento del público. |
En su segundo burel, El Fandi intentó agradar nuevamente al respetable, hizo el esfuerzo en los tres tercios, luciendo particularmente con los garapullos. Pero el toro soseó fuerte en el último tercio. El público correspondió con su aplauso el derroche de facultades y voluntad del andaluz.
Rafael Ortega
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Ortega saliendo del encuentro; el morrillo, bien adornado. |
El diestro de Apizaco, con terno en rosa y oro, estuvo voluntarioso en sus dos enemigos, pero no hubo el lucimiento de otras tardes. En su primer oportunidad le tocó un bicho difícil, al que le hizo el intento sin lograr más que lo acostumbrado: lucimiento en banderillas. Ya con la muleta, el de San Isidro se mostró soso y con sordo peligro. En la estocada, que Ortega intentó con toda verdad, el cornúpeta lo alcanzó feamente con el pitón izquierdo en el pecho y le propinó severa golpiza ya caído, lo que requirió paso por la enfermería para suturar herida en la oreja izquierda.
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Rafael soltó una punta del capote. |
Su segundo oponente fue nombrado “37 Aniversario” en honor al programa taurino de más larga data en los medios de comunicación mexicanos: Toros y Toreros, que conducen con gran acierto el Lic. Julio Téllez, director, y el periodista José Mata. Un abrazo para ellos. Fue un bonito toro de Garfias, castaño meano, con el que el tlaxcalteca regresó al ruedo a dar muestra cabal de su pundonor. Se mostró como el gran rehiletero que es, cuadrando en la cara del toro. Terminado el segundo tercio, el castaño tuvo una embestida brincona, francamente áspera y cortando los viajes. Con él, Ortega hizo una labor más bien lidiadora, ciertamente con mérito que no aprecian los villamelones. La estocada fue excelente, partió al toro, pero le costó otro severo golpe en el pecho. ¡Vaya tarde!, y qué valor el de Rafael, quien encarna el axioma vital del compromiso torero: la muerte antes que la lástima o el ridículo.
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Con la muerte adentro y buscando repartir. |
Manolo Martínez Ybargüengoitia
Mala tarde pasó Manolo, enfundado enterno grosella y oro, pues le tocó pechar con lo peor de las reses.
Su primero fue un cinqueño de Garfias, áspero, y que inicialmente dio la impresión de ser burriciego. Le castigaron fuerte en varas, lo cual no le ahormó la cabeza, pues su embestida era mala por el lado izquierdo y resultó mirón por el derecho. Manolo lo despachó con estocada caída, lo que le valió los pitos de un sector del público, que estuvo en plan francamente reventador.
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Manolo Martínez: su terno: ¿rosa mexicano o grosella? y oro. |
En su segundo burel, Manolo se mostró voluntarioso, pero el de San Isidro no embestía y sí mostraba malas ideas.
El de Monterrey fue abroncado en sus dos turnos, en una mezcla de ojeriza y exigencia que se antojan exageradas, pues el ganado no valía nada. Sin pasar por alto que Manolo llegó a la Plaza México con apenas cinco corridas durante este año en que decidió volver a los ruedos, vale la pena recalcar que su búsqueda es personal y que es injusto exigirle por el solo hecho de haber sido hijo de ese demonio de pasión que fue Manuel Martínez Ancira. La grandeza del mandón fue sólo suya. El destino que se forje su hijo, gracias a, y/o a pesar de, correrá por camino distinto. Manolo merece otras oportunidades, y pronto.
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El alguacilillo, Dr. Saúl Rivera, formando afición. |
La actuación del juez sería aceptable si su dureza fuera la norma para otorgar los trofeos. Pero hay un dejo de protagonismo y algo que el público considera mala fe. De cualquier manera, preferible un juez que se pase de severo, que un repartidor de orejas. |