Tu númen, como el oro en la montaña,
es virginal y por lo mismo impuro.
Salvador Díaz Mirón
La ventaja que tienen las “mujeres con historia” sobre las vírgenes, es que el margen con el que quedan definidas aquéllas, es mucho más amplio que el existente para estas últimas; en la primer categoría caben, desde luego, las vampiresas y otras villanas de las películas, pero he conocido damas de trato angelical que compiten con el estado de Guanajuato en cuanto a la abundancia de su historia. En cambio, el factor que determina la virginidad es muy estricto y no admite grados; “se es o no se es”, decían los moralistas de estilo decimonónico, y tan sólo un par de centímetros –no me pregunten de qué– bastarán para que dicha característica deje de estar presente.
Es cierto que se asocia el estado de doncellez con la frescura, optimismo y alegría de personas con mucha gracia y encanto; pero el fenómeno es que ambas situaciones coexisten frecuentemente en jóvenes y adolescentes; no es que una sea causa de la otra. Por ello, las actitudes virginales son encantadoras en el trato personal y constituyen un adorno en la gente joven, pero para la gente madura puede constituir un problema el que intenten manejarse virginalmente fuera de las relaciones amistosas. En política, el candor puede resultar criminal.
En lo personal aprecio ambas cualidades, pero una categoría que admite grados me parece mucho más manejable. De hecho, tengo la costumbre de buscar siempre los matices cuando se trata de realizar análisis y valoraciones; “en todo hay asegunes” suelo repetir. Esto deriva en un defecto, pues mis argumentaciones suelen ser largas, farragosas y circunstanciadas. Pero, compensatoriamente, conllevan la ventaja de que difícilmente me asusto, y el saber conservar la calma me lo agradecen mis coronarias y mis suprarrenales. No me conviene, pues, cambiar de talante; ello a pesar de que muchas veces me he sentido ridículo cuando he sacado mi bisturí en el curso de alguna discusión y resulta que para los demás el asunto era de machetes o de serruchos.
El hecho es que en relación directa con los márgenes de definición se encuentran los de maniobra, sobre todo cuando se plantea el problema de defender una posición. Si asumimos posiciones virginales durante una lucha política, nos arriesgamos a que cualquier desplazamiento que nuestros oponentes nos obliguen a realizar aparecerá como una derrota nuestra, y en política las apariencias pesan tanto como las realidades.
Existen, para el futuro inmediato de nuestro país, varios problemas políticos, económicos y sociales de tal importancia y complejidad que ameritan ser examinados con criterios muy finos, que deben ser enfrentados con decisiones y acciones bien articuladas.
Aunado a lo anterior, los mexicanos debemos estar dispuestos a tomar en consideración –sobre la marcha– numerosas variables, así como a aceptar y prever la necesidad de hacer cambios al plan inicial, según lo vayan imponiendo las circunstancias reales de su realización. Por ello, pienso que si enfrentamos esos problemas con un enfoque virginal, nos arriesgamos a fracasar, en fondo y forma, dentro de muy poco tiempo. Ya nos ha pasado. Pensemos, por ejemplo, en Santa Anna durante la batalla de San Jacinto o bien, si lo anterior nos parece lejano, recordemos el derrumbe reciente del sistema de empresas paraestatales, sistema que pudo haber servido como un poderoso instrumento para enfrentar la depresión económica por la que actualmente atraviesa nuestra nación.
Por ello, aprovechando que algunos de esos problemas no están pasando por una fase de opiniones acaloradas y permiten así un examen sosegado, me propongo escribir una serie de artículos acerca de tales cuestiones para que haya tiempo de que se mediten mis puntos de vista con una calma concordante con la que han sido elaborados. Abro, de esta forma, la elaboración una serie de escritos que tendrán diferentes títulos, pero que estarán agrupados en la serie “VÍRGENES”.
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