Texcoco, Méx., a 25 de enero de 2012.- Entre la gran cantidad de profesionistas que existen en el mundo, se encuentran los “médicos veterinarios”, jóvenes o mayores, que nosotros, quizá ingenuamente, pensamos que eligieron su profesión por amor a los animales.
En Texcoco, actualmente existe un gran número de estos profesionistas que ofrecen sus servicios para el cuidado de nuestras mascotas, pequeños seres: perros, gatos, loros y hasta víboras o hurones, a los que nuestras familias llegan a considerar una parte muy importante de su entorno. |
Recientemente, a través de unas amigas, he conocido experiencias poco gratas que hablan de la pérdida de valores humanos y profesionales entre algunos de estos médicos veterinarios. Considero que para quienes amamos a nuestros amigos perrunos, gatunos, etc., es importante saber en manos de quién los ponemos cuando se enferman, para no recibir sorpresas poco gratas como las que les relataré a continuación.
Un buen día llegó a casa de mi amiga Juanita un regalo inesperado, un pequeño perrito, al que alguien sin consciencia abandonó ahí. Para conocer el estado de salud, sexo, edad, etc., de este pequeñito, Juanita se dirigió a la veterinaria “Can & Horse” ubicada en la calle de Juárez en donde fue atendida por una mujer que al enterarse de la procedencia del animalito, le indicó con grandes aspavientos que retirara a la plebeya canina de su vitrina, ya que podía dejar algún virus de Rabia y contagiar a sus clientes —ignorancia llana, pues consulté sobre la transmisión del mal, y éste no se transmite así— los que, orgullosamente recalcó, son perros de pedigrí. Y conminó a Juanita para que cargara con la descastada “a La Pulga”, veterinaria de “la prole”, donde atienden a esa clase de perros.
El otro caso, sucedió en el Centro Veterinario de Texcoco, también en la calle Juárez, donde un “prestigiado” médico, atendió a la mascota (una perrita) de una querida amiga, a quien el “profesional” recetó una dosis inadecuada de antiinflamatorios lo cual le provocó días después una hemorragia interna de la que, desafortunadamente, murió, con el consiguiente dolor de su dueña, con quien había convivido más de 14 años.
Aun cuando siempre debemos estar conscientes de que el médico, como ser humano y profesional, puede equivocarse, lo reprobable es la actitud que este asumió cuando la dueña le dio a conocer, con gran dolor, el fallecimiento de su querida mascota, a lo que el susodicho comentó, con frialdad, que se trataba de una perra vieja y casi casi “que ya le tocaba”.
A nosotros, los que amamos a nuestras mascotas, y su pérdida y maltrato nos duele; nos apenan estas actitudes que lastiman tanto a los animales como a sus dueños y desearíamos que ningún Chencho, Fifi, Pirata o Negrito, cayera en esas veterinarias ni en manos de esos médicos.
Experiencias como ésta, me llevan a recordar una cita de Isaac Asimov, prestigiado divulgador de la ciencia: “Si queremos insultar a alguien, le llamamos “animal”. En cuanto a su crueldad y malicia, “humano” podría ser un insulto mayor”. |