En el país, por cada cinco hombres con Sida, hay una mujer con la enfermedad. Mientras que por cada tres mexicanos con VIH, hay una mujer seropositiva al virus, según datos del Centro Nacional para la prevención y el control del VIH/Sida.
Las mujeres en situación de pobreza también tienen menor acceso a métodos anticonceptivos al inicio de su sexualidad. Por ello, muchas de las mexicanas con el virus, tuvieron a su primer descendiente antes de cumplir los 20 años de edad.
De acuerdo con los casos femeninos de VIH que ha documentado Sipam, desde hace tres años en cinco entidades federativas, el perfil de las mujeres seropositivas se caracteriza porque ellas son amas de casa, trabajadoras del hogar o comerciantes.
Según su análisis, el 70 por ciento de las ochenta entrevistadas por esta organización está en situación de pobreza y marginación.
De igual modo, más de la mitad de las entrevistadas en Querétaro, Tlaxcala, Distrito Federal, Oaxaca y Guerrero, tuvieron a su primera hija o hijo en la adolescencia.
Otra constante entre las mujeres con VIH, contactadas por la organización en los Centros Ambulatorios de Prevención y Atención en Sida e ITS (Capasits), es que “sus historias están marcadas por la violencia, algunas desde la infancia”.
Los testimonios son de mexicanas de entre 35 y 45 años, quienes forman parte del grupo de edad que mayoritariamente, acude a los servicios de salud y recibe tratamiento antirretroviral.
La ausencia de las menores de 30 años en el estudio de Sipam “se debe a que probablemente las jóvenes con VIH desconocen su diagnóstico y no llegan a los servicios”.
García Rojas advirtió que las mujeres jóvenes que habitan en comunidades pobres y marginadas están en mayor riesgo de adquirir el virus y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), por la falta de acceso a servicios de salud cercanos a adolescentes y jóvenes; este es un déficit que impacta en las tasas de VIH/Sida.
En el país, dijo, “no hay atención de calidad y calidez que aseguren la promoción de derechos, tales como servicios dirigidos a jóvenes y un avance en métodos de prevención del virus, además de que tampoco hay un abasto claro y suficiente de éstos”.
Por ejemplo, en Iztapalapa, delegación capitalina con más jóvenes y alto grado de pobreza y marginación, la sociedad civil ha hecho frente a la vulnerabilidad al virus de las y los menores de 20 años de edad, mediante un modelo de atención que vincula a las escuelas y los servicios de salud para promover la salud sexual y reproductiva de esta población. |