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Experimentos con animales

Por: Pedro Silva Gámez

Acacia Fundación Ambiental

 

Toluca, Méx., a 23 de enero de 2012.- Cada año, se utilizan y mueren en el mundo millones de animales de diferentes especies que son utilizados en experimentos, unos crueles y otros cercanos a las normas recomendadas para que no sufran. No existen cifras exactas ya que en muchos países, México entre ellos, las autoridades no las exigen. Entre los usuarios más notables, están: laboratorios farmacéuticos, hospitales, facultades de medicina, química y agronomía y la industria de los cosméticos, sin olvidar los  que se realizan desde el nivel de educación media.

Muchos animales mueren durante la práctica, que a veces adquiere tintes de matanza, o los dejan morir después de ella. Concluir que no sufren, es difícil; si no, cómo explicar el estrés reflejado en temblores, nerviosismo, convulsiones y lágrimas en los ojos que se aprecian durante estas sesiones.

Aquí es donde empieza el estira y afloja: los que están a favor y los que rechazan la práctica. Es indudable su utilidad para conocer los misterios del cuerpo, de la circulación sanguínea, la conformación fisiológica, los efectos de las medicinas, venenos, sustancias y la inocuidad de los experimentos científicos e industriales; pero los procedimientos inapropiados son lo que provoca que se levanten las voces de rechazo.

La UNESCO estableció  en su declaración del 15 de octubre de 1978 los Derechos de los Animales, documento que animó a tirios y troyanos: a los que respetan a los animales como lo que son: seres vivos, y a los que no aceptan el uso en este tema de la palabra derecho.

Alegan que ésta, en su significado concreto, se refiere solamente a personas  y cosas, pero que no incluye animales; es decir, estos seres vivos no son sujetos de derecho. Pero hay autores que reconocen a los animales desde el punto de vista bioético como objetos morales.

La Real Academia Española (2005) define bioética como la aplicación de la ética a las ciencias de la vida. El ser humano, continúan, es un sujeto ético porque hace juicios de valor y distingue entre el bien y el mal con libertad, por lo tanto el amor y la defensa de los animales es una manifestación ética del individuo, y lo contrario, dañar por dañar, es inadmisible éticamente y supone un desorden moral. 

 
Cada año son utilizados más de 100.000 monos y simios para investigaciones biomédicas en todo el mundo: Greenpeace
 

Haciendo un poco de historia, la práctica con seres vivos para adquirir conocimientos se remonta a tiempos lejanos. En la antigua Persia permitían a los médicos experimentar con los condenados a muerte. En el siglo II de nuestra era, Celso decía que  experimentar con los criminales no era crueldad, aunque se infligieran sufrimientos a unos cuantos, si el beneficio era para muchos.

En la Edad Media muchos conocimientos se obtienen gracias al trabajo con animales. Leonardo da Vinci desarrolló la anatomía comparada en perros y gatos, pero advirtió que algún día la experimentación en animales sería juzgada como crimen. Ante el pensamiento de la época, el desconocimiento de la anestesia justificaba el sufrimiento provocado por el carácter de estudio del hecho y la aceptación de la idea de que los animales no sufrían porque no tenían alma.

En el siglo XIII, Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, expresaba que al no tener razón, no tienen derechos, por lo tanto el ser humano no tiene responsabilidades hacia ellos. Descartes, en su época aseguraba que las respuestas de los animales a estímulos dolorosos no eran más que reflejos, ya que eran autómatas que no sentían ni pensaban en forma racional y consciente.

A mediados del siglo XIX se fundó en Gran Bretaña la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, y en 1876 se aprobó la ley contra la crueldad hacia ellos, y durante el siglo XX y hasta nuestros días continúan los esfuerzos de asociaciones y leyes que buscan su protección.

Es indudable e inobjetable la aportación de los adelantos en el campo de la salud humana logrados por medio de la experimentación con animales, como son los de Pasteur, Koch, Lister, Salk y muchos otros científicos no menos importantes.

Es utópico insistir en que se debe prescindir del uso de animales en la investigación científica, pero sí hay que insistir en que disponer de ellos para tal fin, conlleva responsabilidades. Investigaciones neurofisiológicas, neuroquímicas y estudios de comportamiento demuestran que existe respuesta de dolor, ansiedad y miedo como efectos del estrés.

También en este campo existe el principio de las 3 R's como técnica humanitaria: Reemplazar, Reducir y Refinar. Estos conceptos son clásicos en la literatura sobre animales en experimentación. Reemplazar, implica sustituir a los animales con otros métodos o alternativas, como  el cultivo de células, protozoarios, bacterias y modelos de computación. Reducir, disminuir el número de animales utilizados en una investigación planeando rigurosamente el experimento. Refinar, la disminución de la frecuencia o la severidad de procedimientos inhumanos a los que se somete a los animales.

En México, la SAGARPA publicó en el Diario Oficial de la Federación con fecha 28 de junio de 2001, la Norma Oficial Mexicana NOM-062-ZOO-199, como “Especificaciones técnicas para la Producción, Cuidado y Uso de los Animales de Laboratorio”

Entre los factores que intervienen en el éxito de un experimento, destacan las condiciones de vida del animal durante esta etapa, el diseño del experimento y el recurso humano. La selección del habitáculo, sus dimensiones, estructura y manipulación no deben interferir en la comodidad de la especie, en relación a sus posturas naturales y actividades. Agua, alimento y cama, al igual que la higiene, temperatura, ventilación, iluminación y ruido, serán decisivos en el resultado del experimento.

El recurso humano es tan importante como el ejemplar en experimento, por su influencia en todos los factores que intervienen. Puede haber un equipo e instalaciones de última generación, con los requerimientos que necesita la especie en estudio, pero sin un mantenimiento adecuado y una manipulación correcta, el bienestar del animal y los resultados obtenidos incidirán en una resultante negativa.

LA FORMA: la ciencia no se puede dividir en una de países desarrollados y otra de los países en vías de desarrollo, sino en buena o mala, por el uso de una metodología negligente y animales maltratados.

EL FONDO: malos métodos de experimentación resultan en mala ciencia. Y no lo olvidemos: TODOS SOMOS NATURALEZA.

 


acaciaecologia@hotmail.com

 
 
 
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